La gozosa alegría de vivir en plenitud.

Vamos a hablar del arte figurativo que caracterizó a la pintura francesa de la primera mitad del siglo XVIII, con la representación de temas festivos y galantes. Es una tendencia pictórica caracterizada por la profusión del color, por cuadros de reducidas dimensiones, creados con un tratamiento minucioso del dibujo. Representaban la vida diaria de los franceses más privilegiados social y económicamente en sus momentos más frívolos o intrascendentales, en la gozosa alegría de vivir en plenitud.

El mecenazgo de Madame de Pompadour.

Jeanne Antoinette Poisson fue la favorita del monarca Luis XV, participó activamente en la vida de la Corte e influyó decisivamente en la política del monarca, rodeando la Corte de artistas y favoreciendo la difusión del Rococó.

Jean-Antoine Watteau (1684 – 1721).

Watteau, hijo de comerciantes, dedicó la primera parte de su carrera a copiar cuadros de escenas de género realizadas por holandeses. También se formo como escenógrafo, gustoso de representar escenas de la comedia italiana. Su obra está influenciada por Rubens y por los dibujantes venecianos. Falleció a los treinta y siete años víctima de la tuberculosis, pero aun así dejó una obra importante en la que destacan escenas galantes de fiesta y cómicos.

Su estilo es elegante hasta alcanzar el refinamiento exquisito, sus obras parecen envueltas en un ambiente melancólico, con frondosos paisajes de fondo. Trata a las figuras como si fuesen de porcelana frágil, y creando un ambiente casi idílico.

François Boucher y el sensualismo.

François Boucher (1703 – 1779) nace en París, hijo de un fabricante de encajes. Fue uno de los pintores que mejor supieron representar el espíritu curvilíneo y vitalista del Rococó francés. Su influencia de Rubens es clara, al igual que la de Paolo Veronese y Sebastiano Ricci.

La mujer fue la gran protagonista de su obra, representada sonriente, con toda su sensualidad y como un tema erótico, vestida y desnuda siempre entre encajes, cojines y toda clase de telas suntuosas, ubicada en interiores lujosos o en medio de frondosos paisajes. Quizás por la influencia del pensamiento de Rousseau.

Los temas mitológicos y pastoriles ocupan parte de la temática de sus obras. Los amores de Venus, la actividad de Diana cazadora; toda esta miscelánea de temáticas es una crónica lúdica de una época en la que divierte el hedonismo de su clientela aristocrática y burguesa, haciéndoles olvidar la problemática de la vida, sobre todo existencial.

Fue decorador jefe de la Ópera de París, profesor de dibujo de Madame Pompadour, y primer pintor de Cámara de Luis XV.

François Boucher – Joven recostada, 1751. Óleo sobre lienzo. 59,5 × 73,5 cm. Museo Wallraf-Richartz, Colonia, Alemania.
Jean-Honoré Fragonard (1732 – 1806).

Fragonard es considerado el último gran pintor del Rococó francés, iniciador del Romanticismo histórico. En su obra se percibe un claro eclecticismo; fue discípulo de Jean-Baptiste-Siméon Chardin, de quien tomó esa atmósfera de intimismo familiar, y después, de Boucher. Viajó por Italia, y además, recibió la influencia de Rubens y de Rembrandt, y también de Tiepolo y Pietro da Cortona. Es el pintor del amor, y su estilo es de refinada elegancia. Realizó numerosas obras de escenas galantes y amorosas, y además pintó varios retratos.

Fragonard fue contratado por Madame du Barry, posterior favorita y amante de Luis XV, para decorar su casa. Realizó una serie de cuadros sobre los progresos del amor en el corazón de una muchacha; la serie fue un regalo del Monarca que ella rechazó. Estos cuadros se conservan en la Colección Frick de Nueva York.

Una de sus obras más conocidas fue “El columpio”, actualmente en la Colección Wallace, del que realizó diversas versiones y varias copias. Como Watteau y Boucher, Fragonard se muestra decorativo, escenográfico, y de erótica sensualidad. En sus obras, el paisaje juega un papel fundamental, que podría asociarse al pensamiento de Rousseau y su amor por la naturaleza.

Y esta es nuestra pequeña crónica de lo que pasó en la pintura francesa en la primera mitad del siglo XVIII. Gracias por leernos, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Jean-Honoré Fragonard – El columpio (L’escarpolette), h. 1767. Óleo sobre lienzo. 81 cm × 65 cm. Colección Wallace, Londres.
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