El Romanticismo: nuevas formas de pensar el arte.

En esta ocasión, vamos a dejar las vanguardias en el arte para centrarnos en el siglo XIX, en el que emerge un nuevo sentimiento artístico: el Romanticismo, que supone una transformación de la política en estética.

El Romanticismo suele presentarse como una rebelión al arte de tendencia Neoclásica promulgado en el siglo XVIII, siglo de la Ilustración. Su característica fundamenta va a ser la valoración de la sensibilidad sobre la razón. En pintura se caracteriza por su amor por el color, el dinamismo del trazo, y la estructura expansiva de la composición.

Podemos mencionar tres aportaciones del Romanticismo al arte. Una de ellas es la ampliación del concepto de Belleza, hasta los mismos límites de su destrucción; se presta atención a la fealdad, como lo sublime, lo pintoresco, o la realidad. Los nuevos ideales de Belleza están cercanos a lo terrible, a lo sobrecogedor.

Otra segunda aportación Romántica al arte es el desprecio por las categorías, el espíritu rebelde que borra las fronteras entre géneros, añadiendo nuevas modalidades artísticas, como el Boceto, la Caricatura, la Acuarela. Y por último, la tercera aportación del Romanticismo al arte , es el culto a la Naturaleza, el reino de la Libertad, de lo auténticamente sublime.

El Romanticismo francés: Color y Riesgo.

Las características que definen el Romanticismo francés son, la importancia del   Literatura, el influjo de lo medieval, la representación del entorno natural o paisajístico, composiciones más dinámicas, llegando al abigarramiento, importancia de los colores, del tacto, de una impresión general de la sensualidad dentro de una estética nueva. Junto a Antoine-Jean Gros y a François Gèrard, están Théodore Géricault y Eugène Delacroix. Vamos a centrarnos en estos dos últimos.

Théodore Géricault.

Théodore Géricault (1791 – 1824) es el pintor más extremo del Romanticismo francés. Su temprana muerte, y la escasez de su producción, contribuyeron a reforzar su leyenda. Los primeros cuadros, “Oficial de cazadores a la carga” de 1812, y “El coracero herido” de 1814, son representaciones de soldados en el fragor de la batalla, obras de gran dinamismo, audaz escorzo, pincel brioso y colorido cálido.

La Balsa de la Medusa”, expuesta en el Salón de 1819, se basa en un hecho real: el escándalo que produjo en Francia el hundimiento de la fragata Méduse, a cargo de un capitán inepto, que había conseguido su cargo debido a su apoyo a los Borbones. Además del carácter político del cuadro, es llamativo su tratamiento de un hecho actual, que caracteriza el gran género por excelencia de la Pintura de Historia. La ambigüedad de esta obra es que cruza denuncia política con sensacionalismo del horror. Hay un tratamiento clásico del desnudo, y una composición piramidal; de la temática emana una extraña sensación de horror y belleza, por esos cuerpos atléticos, mutilados, de los náufragos, y sus expresiones desesperadas.

Este contraste estético define muy bien la pintura de Géricault, que también se dedica a retratar a los locos, pintados del natural, y a los estudios al óleo de miembros amputados. Estos extraños y macabros bodegones obtuvieron el elogio de Delacroix, que los definió como “la mayor defensa de la belleza”.

Eugène Delacroix.

Otro importante pintor Romántico por excelencia es Eugène Delacroix (1798 – 1863). Fue hijo de familia rica, bien relacionada y cultivada, tuvo una extraordinaria formación en las artes y en las letras, por lo que poseía un sinfín de talentos.

Revolucionó la Pintura Histórica, introduciendo temas literarios, y actualizando el pasado. Su pintura, contenía figuras que expresaban sentimientos fuertes y auténticos, como el temor, la piedad, el erotismo o el odio. Mencionemos “La barca de Dante”, presentada al Salón de 1822. En ella Dante y Virgilio cruzan la laguna Estigia rodeados de condenados, que quieren subir a la barca para salir del infierno. Esta obra le supuso un triunfo inmediato.

Su ambición artística, y la búsqueda incesante de temas llamativos, le llevaron al borde del escándalo con “La muerte de Sardanápalo”, de 1827. Es la historia de un monarca oriental, que amenazado de muerte, decide suicidarse, pero antes manda matar a sus caballos y a su harén. La obra, presidida por una inmensa cama roja, es una orgía en la que Eros y Tánatos se dan la mano. Creó una enorme incomodidad y rechazo, por su falta de perspectiva y por su ritmo endiablado.

Y por último, su gran obra es “La Libertad guiando al Pueblo” de 1830. El haber participado en los acontecimientos que propiciaron la destitución del rey Carlos X inspiró este cuadro. La obra está dotada de gran sobriedad y eficacia compositiva. Sobre los cuerpos de los muertos caídos en defensa de sus ideas, y una barricada de vigas, se alzan, como sobre un tumulto, tres figuras, un triángulo equilátero. En el centro, la figura clásica de una mujer, de pechos al descubiertos y bandera tricolor, la Libertad, escoltada por un niño con pistolas, y al otro lado, la figura armada del propio pintor.

A partir de 1830, se ocupa, sobre todo, de la decoración mural en lugares como el Senado, el Ayuntamiento, el Louvre, en donde representará temas bíblicos o de la antigüedad.

Podríamos hablar de la vida de Ingres, pero vamos a dejarlo para otro blog. La semana que viene abordaremos a los artistas románticos ingleses, a la siguiente a los alemanes, y a continuación a la España Romántica. Gracias por haber llegado hasta aquí. Esto es todo por esta semana, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Eugène Delacroix – La muerte de Sardanápalo (La Mort de Sardanapale), 1827. Óleo sobre lienzo. 392 x 496 cm. Museo del Louvre, París. Romanticismo francés.
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