José, hijo de Jacob.

Vamos a repasar parte del vocabulario iconográfico cristiano, en el que las artes interpretan en su temática pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento para aleccionar al pueblo analfabeto, y en sus historias aprender de ética y de moral a través de la actuación de personajes, quizá reales quizá ficticios, quien sabe; en este caso vamos a profundizar en el papel de José, undécimo hijo de Jacob, y el más querido por su padre, lo que le repercutía en negativo ya que era odiado por sus hermanos.

También hay que añadir la anécdota en la que José contó a éstos un sueño que había tenido, en el que podía interpretarse que iba a reinar sobre ellos.

José vendido por sus hermanos.

Jacob alentó a que sus hijos fueran a apacentar juntos el ganado. Cumpliendo órdenes de su padre, fueron sus doce hijos, incluido José, al que los otros decidieron matar, aunque por sugerencia del pequeño Rubén, prefirieron arrojarle a un pozo, después de prenderle y quitarle la túnica.

En el camino se cruzaron con una caravana de mercaderes egipcios. Uno de los hermanos sugirió vender a José a estos mercaderes tras quitarle la túnica y mancharla de sangre de cabrito, enviándosela a su padre, que lloró amargamente pensando que su hijo había muerto.

Este pasaje tiene similitudes con la vida de Jesús, entregado al calvario por lo suyos, vilmente.

Diego Velázquez – La túnica de José, 1630. Óleo sobre lienzo. 223 x 250 cm. Monasterio de El Escorial, San Lorenzo de El Escorial, Madrid
Diego Velázquez – La túnica de José, 1630. Óleo sobre lienzo. 223 x 250 cm. Monasterio de El Escorial, San Lorenzo de El Escorial, Madrid
En casa de Putifar.

Al llegar a Egipto, los mercaderes vendieron a José a Putifar, funcionario al servicio del Faraón y jefe de la Guardia Egipcia. Yahvé le protegió y comenzó a prosperar en aquella casa, convirtiéndose en mayordomo, y depositando Putifar en él toda su confianza y todo cuanto tenía.

Por desgracia, la buena presencia de José hizo que la mujer de Putifar se fijara en él, intentando seducirle, a pesar de haber sido rechazada en varias ocasiones. Un día, ella le agarró por el borde de su manto y huyó, sin que José pudiera recuperarlo. La indignación de la mujer por ser despreciada, le hizo acusar falsamente ante su marido que José había querido forzarla. Putifar la creyó e indignado le metió en la cárcel.

José interpreta los sueños.

Yahvé volvió a proteger a José, consiguiendo que fuera del agrado del alcaide, y puso al cuidado de José todos los presos que estaban encerrados, incluyendo al copero mayor y el panadero principal del Faraón.

Los dos tuvieron un sueño, y al contárselo a José, éste les explicó su significado. Al copero, que al cabo de tres días recuperaría la libertad y el favor real, y al panadero, que sería decapitado. Y así ocurrió.

Con el tiempo, el Faraón tuvo dos sueños que nadie supo explicar, pero el copero se acordó de las facultades adivinatorias y le recomendó la interpretación de los sueños de José, quien dedujo que Egipto tendría siete años de abundancia y siete de escasez, por lo que convendría que se hiciera acopio de trigo para los años malos. El Faraón nombró a José Gobernador de Egipto.

Estos pasajes tienen similitudes con los milagros de Jesús, quizás.

José se reconcilia con sus hermanos.

Gracias al buen hacer administrativo de José, cuando llegó el hambre a Egipto, se vio libre de consecuencias, hasta el extremo de tener reservas suficientes para vender a países vecinos.

Jacob envió a sus hijos a Egipto para comprar trigo, a excepción de Benjamín, el menor. Cuando los hijos de Jacob estuvieron en presencia de José no lo reconocieron. Al poco tiempo volvieron con Benjamín, José les recibió con cariño y les preguntó por su padre, invitándoles a comer.

Ordenó a su mayordomo que llenara los sacos de trigo y metiera una copa de plata en el de Benjamín. Cuando se marchaban fueron acusados de robar la copa de plata, y al encontrarla en el saco de Benjamín, éste fue condenado a servirle como esclavo. Judá se ofreció a sustituirle, para evitar el pesar de su padre, y José, ante este acto de amor, no pudo contenerse y se dio a conocer, perdonó a sus hermanos e hizo que su progenitor fuera a Egipto. Todos se trasladaron a vivir al delta del río Nilo, su padre y sus hermanos, a la tierra más fértil de Egipto.

La frecuencia con la que se repiten los ciclos narrativos de la vida de José se explican por el paralelismo que se estableció desde el siglo II después de Cristo entre su vida y la de Jesús.

Hasta aquí hemos llegado, gracias por leernos, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog, www.tasararte.com/blog/.

Tintoretto, Jacopo Robusti – José y la mujer de Putifar, h.1555. Óleo sobre lienzo. 54 x 117 cm. Museo Nacional del Prado, Madrid
Tintoretto, Jacopo Robusti – José y la mujer de Putifar, h.1555. Óleo sobre lienzo. 54 x 117 cm. Museo Nacional del Prado, Madrid
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