Tebas, la de las siete puertas, fue una de las ciudades más importantes de la historia, Zeus era su protector. Fue fundada por Cadmo, hijo de Agénor y hermano de Europa.

Cadmo y el rapto de Europa.

Cuando Zeus, con la apariencia de un hermoso y manso toro blanco, rapta a Europa mientras jugaba con otras jóvenes en la playa, su desesperado padre, Agénor, ordenó a su familia que fueran en busca de la desaparecida y no volvieran sin ella.

Partieron pues Cadmo, su madre y hermanos, y tras muchos avatares, tras quedar solo Cadmo en la búsqueda, viajó hacia Occidente para consultar al oráculo de Delfos y averiguar su paradero. Allí le aconsejaron que desistiera en la búsqueda y se dedicara a establecer una ciudad, que debía de seguir a una vaca, con el signo de la luna llena, y edificar la urbe en donde se detuviera el animal a descansar.

Cadmo, buscando agua en la fuente de Ares, se encontró con un dragón que mató a varios de sus compañeros. Cadmo dio muerte al dragón, y por consejo de Atenea, sembró los dientes del monstruo, surgiendo del suelo hombres armados de aspecto amenazador. Cadmo la emprendió a pedradas contra estos, sobreviviendo sólo cinco, uno de los cuales se casaría con Ágave, hija de Cadmo, y éste llegó a ser rey de Tebas.

El relato del héroe legendario Cadmo inspiró no pocas veces la imaginación de los artistas durante la antigüedad, el episodio de la lucha contra el dragón será el favorito de los ceramistas griegos.

El complejo de Edipo.

Entre los descendientes de Cadmo, el más famoso es Edipo. Cadmo es bisabuelo de Layo, que se casa con Yocasta y son los padres de Edipo.

Su historia ha dado nombre en psicología a un complejo estudiado por Freud, en el que el hombre intenta en vano escapar a su destino. El complejo de Edipo es un término acuñado por Sigmund Freud en su teoría de las etapas psicosexuales del desarrollo para describir sentimientos de deseo de un niño por su progenitor del sexo opuesto, y los celos y la ira hacia el progenitor de su mismo sexo.

Edipo y las predicciones de los oráculos.

Layo, rey de Tebas, fue la causa de la muerte del hijo de su huésped Pélope, que se había suicidado tras haber sido violado por él. El oráculo le predijo que, en castigo, si tenía un hijo, éste le mataría de adulto.

Cuando Layo tuvo a Edipo, tratando de evitar que la predicción se cumpliera, mandó que le abandonaran al nacer en el monte Citerón, ahí lo recogió uno de los pastores del rey de Corinto, quien lo adopto como hijo suyo.

Al enterarse Edipo ya de mayor que no era hijo del rey, trató de averiguar su origen, preguntando al oráculo de Delfos. La respuesta fue que mataría a su padre y se casaría con su madre.

Para escapar de este terrible destino, decidió marcharse y no regresar a Corinto, y en su camino se encontró a unos caminantes, uno de los cuales era Layo, su padre natural, al que mató en una disputa banal.

Edipo y la Esfinge.

Dirigiéndose a Tebas, encontró la región asolada por la Esfinge, un monstruo que devoraba a todos los que no sabían responder al enigma que planteaba.

El monstruo, con rostro y busto de mujer y cuerpo de león alado, fue enviado por los dioses para asolar la campiña tebana. Desde una roca, cantaba su acertijo, que ningún hombre era capaz de resolver, pagando con la muerte el error. Edipo lo averiguó, tras lo cual la Esfinge se suicidó.

El premio al que liberara a la ciudad de la Esfinge era la boda con Yocasta, reina viuda de Layo, de manera que Edipo llegó mediante este matrimonio al trono de Tebas. De su unión nacieron Eteocles, Antígona y Polinices.

Yocasta se ahorcó horrorizada al saber que la profecía del oráculo se había cumplido, y Edipo se arrancó los ojos y marchó al destierro.

Edipo en el Arte.

La leyenda del rey Edipo se ha desarrollado ampliamente en la literatura a partir de las obras de Sófocles, el poeta trágico griego del siglo V a.C., aunque ya se le menciona en la Odisea en el siglo VIII a.C.

En la Historia del Arte éste es un episodio representado desde antiguo. En los vasos griegos suele aparecer la Esfinge subida a una columna. El tipo iconográfico de Edipo también suele representarse como un viajero, ataviado con botas y bastón. Y las mitologías etruscas y romanas dotan al episodio de un mensaje funerario del ámbito de los sarcófagos. El tema también fascinó al pintor simbolista Gustave Moreau. Y Dominique Ingres enfrentará, en un paisaje rocoso, la belleza apolínea de Edipo, desnudo y de perfil, razonando la solución al enigma de tan siniestra criatura, situada en la sombra sobre los restos humanos de sus víctimas; esta obra simboliza el triunfo de la inteligencia y la belleza, así como la imposibilidad de los hombres de escapar de su destino. (Es la obra escogida de portada: Dominique Ingres – Edipo y la esfinge, 1808. Óleo sobre lienzo. 189 x 144 cm. Museo del Louvre, París).

Esto es todo por esta semana, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Tiziano – El rapto de Europa, 1562. Óleo sobre lienzo. 185 x 205 cm. Isabella Stewart Gardner Museum. Boston.
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