Hoy rendimos homenaje a la figura de Eduardo Arroyo, que nos dejó el pasado domingo 14 de octubre. Nos dijo adiós en su casa de Madrid con la respetable edad de 81 años.

Eduardo Arroyo nació en la madrileña calle de Argensola en 1937. Creador todoterreno cuya principal actividad fue la pintura pero que también se prodigó en la escultura, la literatura –su primera vocación- y como dibujante, escenógrafo, ilustrador, diseñador de carteles y grabador.

Estudió periodismo en la Facultad de Madrid de la calle Zurbano, y en 1958 se exilió en París, ciudad en la que vivió durante más de cuarenta años hasta que regresó a España en 1976 con el establecimiento de las libertades democráticas.

En su carrera artística cabe diferenciar dos etapas: en el exilio (1958-1976) y después del exilio, significativamente separadas por la devolución de su pasaporte español. Su pintura de los años sesenta se aproxima a los postulados de la Nueva Figuración (o Figuración Narrativa), que renovó la pintura europea a mediados de los años sesenta en contraposición con la temática abstracta imperante en la época y que por su vertiente más política se encuentra cercana a su vez a los postulados del Arte Pop. No obstante su obra está dominada por la temática española, interpretada desde la ironía y la crítica en respuesta a la situación política del país. A partir de los años ochenta amplía el concepto y el contexto de lo español al tiempo que aumenta la carga irónica de sus narraciones pictóricas. También aborda con mayor frecuencia temas de política nacional e internacional siempre desde la comicidad crítica, sea en sus óleos, esculturas, dibujos, collages o fotografías.

Realizó numerosas exposiciones en Europa y América y su obra se encuentra en diferentes e importantes museos de todo el mundo. También participó en importantes ferias de arte como la Bienal de Venecia en 1976 o el Documenta de Kassel de 1977. En 1982, el Centro Georges Pompidou le dedicó una antológica, y ese mismo año le fue concedido el Premio Nacional de Artes Plásticas.

En su vertiente literaria publicó tres libros: La biografía del boxeador Panamá Al Brown, Sardinas en aceite y El trío calaveras. Se nos va una figura de vida apasionante y apasionada, amante del boxeo y de los toros, pero su legado permanece. Esto es todo por hoy. Gracias por estar ahí, y hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Eduardo Arroyo - Le retour des croisades, 2017. Óleo sobre lienzo. 200x300 cm.
Eduardo Arroyo – Le retour des croisades, 2017. Óleo sobre lienzo. 200×300 cm.

Esta obra dio título a la muestra que le dedicó el Museo de Bellas Artes de Bilbao que finalizó el pasado 9 de abril. Un homenaje y parodia del cuadro de Ignacio de Zuloaga “La víctima de la fiesta”, en el que aparece un picador de regreso de la corrida en un rocín blanco, famélico y ensangrentado; ambos, caballo y jinete, en silencio, meditabundos y cabizbajos, abatidos y resignados. Con esta obra, Arroyo hace una alegoría sobre la situación actual de nuestro país.

Eduardo Arroyo - Imagen de Sergio Enríquez-Nistal.
Eduardo Arroyo – Imagen de Sergio Enríquez-Nistal.

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