Esta semana, cómo no, vamos a hablar de Caravaggio. Se llamaba Michelangelo Merisi, y la localidad en donde vivió allí parte de su infancia y juventud es la que le dio su nombre: Caravaggio. Muere en Porto Ércole en julio de 1610, intentando volver a Roma.

Era un hombre bravo, de personalidad desequilibrada, a medio camino entre el narcisismo y el sadismo; de ahí el horror de algunas de sus obras, horror unido a la fascinación. Con él desaparece el idealismo del Renacimiento para dar paso al Naturalismo.

La religión en Europa.

Estamos en una Europa dividida entre los países católicos y los protestantes. El arte del siglo XVII supone una revolución cultural en nombre de la Iglesia Católica. Hay que adoctrinar a través de la temática de la pintura. Los protagonistas de la Historia Sagrada son gente normal, trabajadores. La importancia de la iluminación en las obras creadas, contrasta creando choques violentos entre las zonas de luz y de sombra. No le asustaba la fealdad, su deseo era copiar fielmente la Naturaleza. Pintaba con un repertorio de fórmulas para afrontar actitudes, poses, emociones, cuyo uso sistemático estaba al margen de cualquier realidad. Quería aumentar el impacto emocional que deseaba transmitir con sus cuadros.

Trayectoria de Caravaggio.

Tiene una trayectoria corta pero intensa. En 1584 entra a trabajar con el pintor milanés Simone Peterzano, especializándose en naturalezas muertas. Aprende a preparar los colores, estudia anatomía y perspectiva, y viajó por diversas ciudades para ampliar su formación.  Elogiaba la capacidad de la pintura para engañar a los sentidos y asombrar al espectador con la creación de otra realidad.

Este personaje, turbulento y extravagante, era amigo de peleas y altercados, un arrogante “bravi”, pero sus obras son de una belleza extrema, escenografías cuya luz marca el dramatismo implícito de la escena.

En su primera etapa comienza a pintar bodegones, músicos, mitología, como “Baco” y el “Muchacho mordido por un lagarto”.

Caravaggio y Fillide Melandroni.

A finales de los 90, aparecen las primeras obras de temática religiosas, como “Descanso en la huida a Egipto”, en la que funde música, naturaleza y oración; el “Éxtasis de San Francisco”, el “Martirio de san Mateo” y “Magdalena penitente”. Aquí, aparece por primera vez la célebre cortesana llamada Fillide Melandroni, a quien retrata como la bella Magdalena, llena de arrepentimiento y penitencia.

Esta mujer, Fillide, posiblemente fue su amante. También aparece en “Santa Catalina de Alejandría” hoy en el Museo Thyssen de Madrid, y en “Judit y Holofernes”, en la que el horror y al atmósfera amenazadora del cuadro podrían haberse producido por el impacto que causó en el artista la ejecución pública de unos bandidos que había presenciado.

San Mateo y otros encargos.

Más adelante recibe el encargo de la familia Contarelli de decorar la capilla dedicada a San Mateo, en la Iglesia de San Luis de los franceses, “Vocación de san Mateo”, “Martirio de san Mateo”, en la que aparece uno de sus autoretratos, al fondo de la escena, asomándose desde detrás de una columna.

Caravaggio – El martirio de San Mateo (Martirio di San Matteo), 1600. Óleo sobre lienzo. 323 x 343 cm. Iglesia de San Luis de los Franceses, Roma.

Otro encargo, lucrativo, que tuvo, fue la decoración de la Capilla Cerasi, de la Basílica de Santa María del Popolo. Los temas escogidos fueron San Pedro y San Pablo.

A sus treinta años, y en plenitud de su carrera, recibe muchos pedidos y trabaja incansablemente. Domina la técnica veneciana de pintar “Alla prima”, sólo apta para grandes maestros. Por ello, es fácil ver los “Pentimenti” en el lienzo. La pincelada es apenas perceptible, lo que da un realismo aún mayor a los gestos elocuentes de los personajes, captando sus emociones, sus silencios y sus mensajes. Todo ello favorece la empatía de lo narrado con el fiel que ve sus obras, como si fuera un encuentro íntimo e intransferible.

La “Cena de Emaús” y la “Incredulidad de Santo Tomás” son dos bellos ejemplos del claroscuro, del tenebrismo, de los pasajes bíblicos. Y nuevamente encontramos un autorretrato en la obra titulada “Prendimiento de Cristo” de 1603. Es el personaje que aparece en el extremo superior derecho, levantando la mano.

Queremos destacar  “Santo entierro”, de 1602, que estuvo en exhibición en el Museo del Prado de Madrid hace unos años. El cliente fue Gerolamo Vittrice, para la Chiesa Nuova. En esta obra, vemos la influencia, no sólo de Rafael, sino también de Tiziano, en el brazo desmayado de Cristo.

El escándalo de “La muerte de la Virgen”.

Y ya hablamos en su día de “La muerte de la Virgen”, y no queremos repetirnos, pero, al contemplarla, en aquella época, nadie fue capaz de entender que Caravaggio proponía una forma distinta de meditar acerca de la muerte. Los frailes sólo vieron una “puta asquerosa con los pies sucios y la barriga hinchada”. Nuevamente Fillide. Se aplicó el concepto de decoro para rechazar la obra, porque era lasciva, irrespetuosa y falta de decoro. Por otro lado, todos los clientes admiradores del pintor, sus mecenas y protectores, quisiseron comprarlas, incluido Rubens, que animó al Duque de Mantua a comprarla, cuando se hizo una exhibición pública, que congregó a grandes multitudes. El bajo clero y las masas populares eran las que más se ofendían, por el tratamiento irreverente de la Historia Sagrada.

La “Virgen de Loreto”, o de los Peregrinos, la “Virgen con el Niño y Santa Ana”, de 1604, en la que el Niño, desnudo, induce al rechazo de la obra por parte del mecenas. “San Jerónimo en su estudio” “San Francisco meditando”, y mientras, la vida del maestro se iba complicando, con una madeja absurda de pleitos, acusaciones y altercados callejeros, que le provocaron desesperación, destierro y enfermedad, a los treinta y dos años.

Otras obras de Caravaggio, aparece una en Madrid.

Destacamos, en la Iglesia del Pio Monte della Misericordia, en Nàpoles, “Las siete obras de Misericordia“. Recibe otro encargo de la familia di Franco, “La flagelación de Cristo”, temática que se repite en la obra que salió a la venta en Ansorena, por 1.500 Euros, y que ha causado tanto revuelo, ya que los propietarios no sabían que estaban ante un Caravaggio, ¡increible! En este momento de su vida, abandona Nápoles y marcha a Malta. Su obra más famosa de este periodo es la “Degollación de San Juan Bautista”, en la que San Juan aparece tirado contra el suelo, sufriendo el peso de su verdugo, que le sujeta como si fuera un animal. Luego viene obras como “La Resurreción de Lázaro”, “El entierro de Santa Lucía”, y un nuevo autorretrato de Caravaggio incluido en la obra “David con la cabeza de Goliat”.

Muerte y discípulos.

Muere a los treinta y nueve años, y sus composiciones fueron capaces de unir el clamor y el tumulto con el silencio más absoluto. Renegó de la tradición, y se sentía atraído por los modelos de la calle, nada idealizados, en cuadros con iluminaciones atrevidas.

Los responsables de difundir el estilo del maestro fueron sus discípulos, como Orazio Gentileschi, o Guido Reni. Hoy una obra suya ha aparecido en Madrid.

Gracias por haber llegado hasta aquí. Esto es todo por esta semana. Nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Caravaggio – La flagelación de Cristo (Flagellazione di Cristo), 1607. Óleo sobre lienzo. 286 x 213 cm. Museo de Capodimonte, Nápoles. A su lado, la obra recientemente descubierta en Madrid, que salió a la venta en Ansorena por 1.500 € y se retiró.
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