Las vanguardias del siglo XX, los “ismos”, el Fauvismo.

El arte de vanguardia es un fenómeno que se halla indisolublemente unido al arte del siglo XX. Significa el enfrentamiento entre la modernidad y tradición, entre la renovación y la imposición del academicismo o gusto oficial.

Vanguardia es un término que no se utiliza en la crítica anglosajona, significa “avanzadilla de un ejército”, por lo que los movimientos artísticos de vanguardia son aquellos que van por delante del resto de las manifestaciones artísticas de su tiempo.

Las vanguardias se integran mediante numerosos grupos y movimientos de duración limitada con un reducido número de participantes, denominados “ismos”. Los Ismos alterna todos los planteamientos artísticos anteriores. Hoy vamos a hablar del Fauvismo.

Nacimiento del Fauvismo, Salón de Otoño de 1905.

En 1905, en el Salón de Otoño de París, el crítico de arte Louis Vauxcelles, ante el donatelliano torso de un chico del escultor Albert Marqué, que se hallaba en el centro de la sala rodeado de pinturas de un cromatismo exacerbado de Henry Matisse, André Derain, Maurice de Vlaminck y otros, le llevó a escribir, el 17 de octubre de 1905 “La pureza de este busto produce una sorpresa en medio de esta orgía de colores puros: es Donatello entre las fieras”. De esta afirmación surgió el nombre de una de las primeras vanguardias, caracterizada por el culto y exaltación del color.

El Fauvismo.

El Fauvismo rompe con la forma tradicional de representación: la imagen tridimensional planteada desde una visión monofocal. Los integrantes distan mucho de ser un grupo programático, disciplinado y coherente. Carecían de un programa, fueron una suma de acciones individuales unidas por un ideal común, la renovación de la pintura a través del color.

Henry Matisse y el Fauvismo.

De todos ellos, Henri Matisse fue el que desarrolló una concepción más personal de la pintura. Lleva los principios fauvistas a una situación límite. La pintura titulada “El Lujo I (Le Luxe I)”, de 1907, marca una ruptura tajante con su obra anterior. Las bañistas que aparecen en el “La alegría de vivir (Le bonheur de vivre)”, de 1906, o “Lujo, calma y voluptuosidad (Luxe, calme et volputé)” de 1904, cuyo título extrajo de un poema de Baudelaire.

Para Henri Matisse, el clasicismo no es un lenguaje agotado, sino un concepto que puede proporcionar estabilidad y permanencia a la pintura sin renunciar al principio de modernidad; es decir, que la vanguardia puede ser clásica, y lo clásico puede convertirse en vanguardia.

Una de la obra que más nos gusta es “La danza (La Danse)”, de 1909, hoy en Nueva York en el Museo de Arte Moderno (MoMA). En ella se puede apreciar esta síntesis, y también pude calibrarse la pasión, circunscrita al orden.

Las reflexiones del pintor fueron publicadas en diciembre de 1908 en sus “Notas de un pintor (Notes d’un peintre)”; para él, la expresividad se encuentra en la distribución del cuadro, en el lugar que ocupan los cuerpos, en los vacíos a su alrededor, en las proporciones. Según Matisse, la composición es el arte de combinar, de manera decorativa, los diversos elementos con los que el pintor cuenta para expresar sus sentimientos. Matisse afirma que ”una obra comporta una armonía de conjunto”.

Más obras de Matisse.

Queremos destacar dos obras más; una, el “Bodegón con la danza”, de 1909, en el Museo Hermitage en San Petersburgo, y “Mesa servida (La desserte) (también conocida como “Armonía en rojo” o “La habitación roja”), de 1908. En esta última, las paredes y la mesa son rojas, y ambas tienen la misma ornamentación, con lo cual el espacio se articula como un plano de color en el que la particularidad de los componentes del escenario se confunden con la representación de diversas sensaciones acumuladas.

Es absolutamente cierto que, del efecto y la idea de permanencia que emanan de las obras del maestro como pintura de vanguardia, subyace de la idea de clasicismo, para captar la sensación fugaz, y se traduce en una superficie fragmentada de colores al modo de un mosaico. Todo un mundo de sensaciones. Ya había estudiado a los Impresionistas y a los Postimpresionistas, y había renunciado a ellos para dar un paso adelante.

Como anécdota, para finalizar este post, unos días después de que Matisse publicara sus “Notas de un pintor” en 1909, Filippo Tommaso Marinetti lanza el primer Manifiesto futurista, que suponía, en lo referente a la idea de expresividad, sensación de orden, composición y estabilidad, la más furibunda y radical contraposición. El mito de la violencia y la velocidad, la negación de toda mirada al pasado había hecho su aparición.

La semana que viene, por eso de que estamos ya en época navideña, hablaremos da las Saturnales y su importancia como festividad romana, que fueron el origen pagano de la fiesta cristiana de las Navidades. Hasta aquí hemos llegado, gracias por leernos, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/.

Henri Matisse – Mesa servida (La desserte), 1909. También conocida como “Armonía en rojo” o “La habitación roja”. Óleo sobre lienzo, 180,5 x 221 cm. Museo del Hermitage, San Petersburgo.
Henri Matisse – Mesa servida (La desserte), 1909. También conocida como “Armonía en rojo” o “La habitación roja”. Óleo sobre lienzo, 180,5 x 221 cm. Museo del Hermitage, San Petersburgo.
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