El Dadaísmo: Baúl artístico de lo absurdo.

Como es sabido, todo empezó en 1916, cuando coincidieron en Suiza una serie de artistas y poetas de distintas nacionalidades, descolgados por la Primera Guerra Mundial, entre otros Hans Arp, Tristan Tzara, Hugo Ball o Marcel Janco.

El Cabaret Voltaire fue fundado por Hugo Ball y Emmy Hennings en Zúrich, en cuyos escenarios se colgaban cuadros, se leían poemas no habituales, y se fueron añadiendo una serie de actos de carácter inclasificable, tipo bufonadas u oficio de difuntos.

Ball y Tzara, llevados por un viento huracanado, irracional y genial, sacudieron la muy ordenada y convencional ciudad de Zúrich, organizando extrañas actuaciones en donde sólo se leían a coro poemas formados por combinaciones de sonidos, o poemas abstractos. También había extrañas actuaciones teatrales, con máscaras y disfraces ridículos. Es el principio del Teatro de lo Absurdo, que luego dará lugar a obras como las de Eugène Ionesco, Berthold  Bretch o Samuel Beckett. Es el inicio del Happening, un tipo de arte que se dará en los años 70 basado en la primacía volátil del gesto.

Dadá.

Dadá, que sería la doble afirmación “sí, sí” en rumano y en ruso, supone un fundamental “No” a la civilización occidental y a las prácticas artísticas y culturales de principios del siglo XX. Existen distintas leyendas en torno a la elección del nombre, que enfatiza su carácter pueril y ridiculizante. En realidad, fue una palabra encontrada por azar en un diccionario. Lo fundamental no es el nombre, sino la fecha, 1915. La Primera Guerra Mundial ha demostrado todo su horror, y los países implicados han comprobado la crueldad de la contienda y el horror moderno de las trincheras. No es casualidad que el lugar en donde se gesta el Dadá sea Zúrich, la capital financiera de Suiza, país neutral donde se reúnen desertores y especuladores, víctimas y verdugos.

Duchamp.

Destaca la rebelión de las palabras y de las obras que crea Dadá, aquí aparece el Rey Negro de la Modernidad, Marcel Duchamp, artista que se refugia en una especie de anonimato para lanzar propuestas de muy distinto signo, y que podrían pertenecer a diversos artistas. Los principios de Duchamp están marcados por el Cubismo; su obra “Desnudo bajando la escalera” (Nu descenddant un escalier n ° 2), de 1912, con el extraño aspecto mecánico del maniquí que baja las escaleras, puede resultar un análisis del movimiento o una burla del afán cubista por desmenuzar la vida en piezas de madera. La ambigüedad de la propuesta forma parte como enigma o interrogación, siempre abierta.

Sus siguientes trabajos son sus conocidos “Ready – Made”, es decir, objeto ya manufacturado, que la “elección” del artista incluye dentro del terreno sagrado de la iconografía artística con un doble propósito: burlarse de la tradición, y reivindicar en esos objetos elementos de belleza o fantasía ocultos al ojo tradicional.

Obras suyas son “Rueda de bicicleta sobre un taburete” o “Botellero”, ambas son “máquinas solteras”, lo que significaría estéril a una concepción filosófica de la vida, encaminada a buscar sentido y utilidad a todas las personas y a las cosas. Ya terminando con Duchamp, destacamos su burla grosera a la obra de culto “La Gioconda” de Leonardo da Vinci, con bigotes y título malicioso (L.H.O.O.Q), o “Fuente”, de 1917, que se hizo famosa por su exposición en la Sociedad American de Artistas Independientes de Nueva York, que es un urinario firmado bajo el pseudónimo R. Mutt.

Invenciones dadaístas.

El Dadaísmo reúne una amplia gama de propuestas artísticas y sociales, de creadores y filiales por todas lasa capitales europeas. Una de sus propuestas son los Ready Made, en el que la intervención del artista con respecto al objeto es mínima. También están los Fotomontajes, con la inserción de recortes de periódicos y carteles en dibujos, pinturas y acuarelas; son la deconstrucción de la unidad estilística del cuadro tradicional. Invención dadaísta son además los Rayogramas y Schadografías, en las que la fotografía es el campo de experimentación, y la imagen se forma con la menor participación activa de artista.

Crítica a lo convencional.

El objetivo de Dadá se define más por su deseo de cortar cabezas que de crearlas; no en vano, la representación de cabezas desprovistas de cuerpos es una de las aportaciones iconográficas de este movimiento. El aspecto “maquinal” del hombre, y su comportamiento dirigido por normas que le alienan a su capacidad autónoma, y le convierten en un títere de su propia vida.

Las propuestas de Dadá critican el optimismo técnico por el perfeccionamiento de su capacidad de matar a un mayor número de personas. En realidad es una búsqueda desesperada por la regeneración cultural de una época traumatizada por el espejismo técnico.

La semana que viene hablaremos del Surrealismo. Esto es todo por esta semana, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Marcel Duchamp – Desnudo bajando la escalera, 1912. Óleo sobre lienzo. 147 x 89,2 cm. Colección privada. Museo de Arte de Filadelfia.
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