La sátira moralizante.

Como prometimos la semana pasada, vamos a hablar de la crítica moralizante de William Hogarth, el primer pintor de historietas cómicas. Comenzó haciendo retratos, pero destacó por sus cuadros y grabados satíricos. Disfrutó de retratar la sociedad aristocrática de su época con una fina ironía. Consideraba que era una clase social con doble moralidad, un vanidoso egoísmo y una destacable insolencia, pereza e ignorancia.

Con su sátira, pretendía mejorar la sociedad, denunciando sus defectos, lograr el progreso y el triunfo de la virtud, de la ética sobre los vicios. Muchos ven en él a un precedente inmediato de la serie de los Caprichos de Goya.

Hogarth y la sátira, sus obras más conocidas.

Hogarth ejecutó varias series de grabados al aguafuerte y buril. Hay que destacar “La carrera del libertino” de 1773, “La carrera de la prostituta”, de 1732, “Matrimonio a la moda”, de 1744. En todos abusará del empleo de temas anecdóticos y caricaturescos. Sus series de grabados son una auténtica comedia pintada, irónica, divertida y moralizante.

Se puede advertir la estrecha relación del tema de sus cuadros con la literatura. También establece estrechos vínculos con el teatro, concibiendo el cuadro como un escenario. Bambalinas cambiantes que terminan trágicamente, debido a sus vicios y a la inadaptación a las normas sociales.

También hay una reproducción de grabados sueltos, de un extraordinaria meticulosidad.

La carrera del Libertino.

Sus personajes son ociosos, vulgares, viciosos, caricaturescos. “La carrera del libertino” es una serie de ocho cuadros en la que el protagonista, tras recibir una herencia, la malgasta en la taberna, con prostitutas y juego, y acaba en el manicomio, sifilítico. Fue una serie grabada que le proporcionó bastante fama y dinero.

Derechos de autor, la Ley Hogarth.

Hay que destacar su contribución a instaurar el respeto de los derechos de autor de obras de arte frente a la venta de reproducciones fraudulentas.

Hogarth y Trump.

Y por último, destacar su “Autorretrato”, de 1745, con su perro faldero Trump, y el retrato colectivo titulado “Los criados del pintor”, de 1755, en el que hay que destacar su pincelada ágil y larga, y la magnífica gradación cromática, adelantándose a su tiempo por su estética impresionista.

Estilo y concepción de la belleza.

Fue un gran admirador de Van Dyck, y en la época en la que le tocó vivir, tuvo que conciliar la pomposidad del Rococó con su capacidad naturalista.

Publicó en 1753 su libro titulado “El análisis de la belleza”, en el que se refiere a la línea serpentina, base de su construcción estética, un fina línea sinuosa parecida a las serpenteantes de Miguel Ángel.

Esto es todo por hoy, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

William Hogarth – Los sirvientes del pintor (Hogarth’s Servants), hacia 1750 – 1755. Óleo sobre lienzo. 62,2 x 74,9 cm. Tate Gallery, Londres.
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