Del Impresionismo al Postimpresionismo.

El Impresionismo dio paso al Postimpresionismo, generando un ambiente heterogéneo. Diversos grupos coincidían en la huida de la realidad. Queremos decir el rechazo a la plasmación mimética de la naturaleza. Lo que querían los artistas era alejarse de la civilización moderna y descubrir otros mundos, otras civilizaciones, fuentes de inspiración primitivas.

La Escuela de Pont-Aven.

En el pueblo bretón de Pont-Aven se generó una colonia de artistas de diversa procedencia con la idea de evasión y búsqueda de lo rústico y primitivo. Bretaña era una región ancestral, aislada y tranquila, con un rígido catolicismo, de gente supersticiosa, que iba vestida con trajes tradicionales. Al ser un entorno distinto a París, por el paisaje y la vida campesina, los artistas encontraron su fuente de inspiración. Así es como nació la Escuela de Pont-Aven.

Paul Gauguin en el centro de Pont-Aven.

Cabe destacar la figura de Paul Gauguin (1848 – 1903). El pintor apareció en Pont-Aven el verano de 1886, con una biografía aventurera y pintoresca, se había iniciado como pintor con Pisarro, aprendiendo técnicas impresionistas, y participando en las exposiciones del grupo, que pronto abandonaría al conocer a Paul Cézanne.

El artista, interesado en el arte primitivo, que conoció en sus viajes y en la Exposición Universal de París de 1889, pudo tomar contacto con la escultura egipcia, con el Extremo Oriente, y con el Arte Prehistórico.

Paul Gauguin, al llegar a Bretaña, no tenía un estilo definido. Su contacto con Emile Bernard fue lo que le proporcionó un cauce para buscar su propio lenguaje. Por entonces, el Cloisonismo, basado en la fórmula de la estampa japonesa, los vitrales medievales, las tapicerías bordadas, la técnica del estampado y el grabado, daban amplias posibilidades expresivas al artista.

Esa simplificación, conseguida por Bernard, impresionó a Gauguin, y creó su emblemática obra titulada: “La visión después del sermón: Jacob y el Ángel”, realizada en 1888.Un lienzo revolucionario que recoge la visión de unas campesinas al salir de la iglesia tras haber escuchado el sermón, una composición que, con gran libertad, crea un sistema de varias perspectivas yuxtapuestas.

Gauguin – La visión tras el sermón (La vision après le sermon), 1888. Óleo sobre lienzo, 73 x 92 cm, Galería Nacional de Escocia, Edimburgo. Es una obra característica de la escuela de Pont-Aven, nos muestra a Jacob luchando contra el ángel. Gauguin lo pintó para una parroquia de la zona, pero el párroco la rechazó; según Gauguin, pretende representar la “simplicidad rústica y supersticiosa”.
Gauguin – La visión tras el sermón (La vision après le sermon), 1888. Óleo sobre lienzo, 73 x 92 cm, Galería Nacional de Escocia, Edimburgo. Es una obra característica de la escuela de Pont-Aven, nos muestra a Jacob luchando contra el ángel. Gauguin lo pintó para una parroquia de la zona, pero el párroco la rechazó; según Gauguin, pretende representar la “simplicidad rústica y supersticiosa”.
Paul Sérusier en la Escuela de Pont-Aven. El Talismán y los Nabis.

Entre los pintores de la Escuela de Pont-Aven destaca Paul Sérusier (París, 1864 – Morlaix, 1927), un joven pintor que aprendió de Gauguin la exageración del color real. Sérusier pinta en 1888 una pequeña tabla, conocida como “El Talismán”, un bosque, un paisaje sin forma, sintético, de colores puros, que es considerado como un anticipo del arte abstracto.

Paul Sérusier – El Talismán (Le Talisman), 1888, óleo sobre madera. 27 x 21.5 cm. Musée d'Orsay, París. El verano de 1888 Paul Sérusier coincide con Paul Gauguin en Pont-Aven y allí pinta esta obra, influenciado por el consejo de Gauguin: “Si ves amarillo, elige el amarillo más estridente que tengas en la paleta y aplícalo al cuadro”. Pintada sobre una caja de cerillas que Gauguin le dio para que pintase sobre ella lo que quisiera, sin necesidad de ajustarse a la realidad. Su nombre viene de la expectación que causó a su vuelta a París, porque lo enseñaban como si fuera un tesoro.
Paul Sérusier – El Talismán (Le Talisman), 1888, óleo sobre madera. 27 x 21.5 cm. Musée d’Orsay, París. El verano de 1888 Paul Sérusier coincide con Paul Gauguin en Pont-Aven y allí pinta esta obra, influenciado por el consejo de Gauguin: “Si ves amarillo, elige el amarillo más estridente que tengas en la paleta y aplícalo al cuadro”. Pintada sobre una caja de cerillas que Gauguin le dio para que pintase sobre ella lo que quisiera, sin necesidad de ajustarse a la realidad. Su nombre viene de la expectación que causó a su vuelta a París, porque lo enseñaban como si fuera un tesoro.
Los Nabis.

Esta obra fue fundamental para la creación, en 1889, del grupo de los Nabis, palabra hebrea que significa Profeta. Con Paul Sérusier a la cabeza, con Édouard Vuillard, Maurice Denis y Pierre Bonnard, está considerado como un movimiento simbolista nuevo, que dominará el panorama artístico parisino en la década de 1890.

No tuvieron un programa fijo, pero sí una idea, que se resume en la siguiente frase: “Un cuadro, antes de ser un caballo de guerra, una mujer desnuda, o alguna otra anécdota, es, esencialmente, una superficie cubierta de colores distribuidos según un cierto orden”.

Y por último, el éxito de los Nabis se debió, en gran parte, a su temática tradicional, de asuntos religiosos y escenas domésticas e íntimas, muy del gusto de la burguesía. Algunos de sus integrantes, realizaron grandes paneles decorativos para instituciones religiosas o palacetes de las clases sociales más altas.

Esto es todo por hoy, gracias por llegar hasta aquí, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog, que esta vez no será la semana que viene, sino en septiembre; hemos trabajado muy duro y es el momento de tomarse unas merecidas vacaciones www.tasararte.com/blog/.

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