Un estudio en profundidad a la vista de todos.

Hace dos años publicamos en este medio la noticia de que el cuadro de La joven de la perla iba a ser estudiado en profundidad y sometido a distintas pruebas técnicas y de laboratorio.

Lo novedoso fue que dichas pruebas se realizaban a la vista del público. Para ello crearon un laboratorio con cristaleras, y de esta forma los visitantes podían contemplar -en vivo y en directo- una faceta más de las que ocupan los museos, que no sólo se trata de exhibir las obras, sino que detrás hay muchos más procesos, algunos realmente complejos, que permiten conservar y divulgar el legado histórico y artístico, el Patrimonio de la cultura.

La joven de la perla.

La joven de la perla es una de las obras más emblemáticas de todos los tiempos, una de las obras maestras del pintor neerlandés Johannes Vermeer (Países Bajos 1632-1675) realizada entre 1665 y 1667, y que se encuentra actualmente en el museo Mauritshuis en La Haya (Países Bajos). Antes de ser conocido por el título actual, el cuadro aparece en el primer inventario de 1767 como Un retrato al estilo turco , y luego pasó a denominarse Joven con turbante y Cabeza de joven, hasta 1995 cuando aparece con el título actual.

Los secretos de La joven de la perla.

Hoy es noticia de nuevo La joven de la perla porque, después de dos años, salen a la luz resultados de esta investigación, que nos da muchos datos de cómo pintaba Vermeer. El efecto conseguido por el artista en esta obra no fue producto de la utilización de la cámara oscura, sino que explota las propiedades ópticas de los pigmentos. La perla, por ejemplo, es una ilusión óptica, no tiene contorno ni engarce para la oreja de la chica, sino que son unas pinceladas muy finas que sugieren el reflejo de la camisa blanca.

Gracias a los Rayos-X, hemos descubierto que la joven tiene pestañas, ya que el artista las marcó en ambos ojos en tono marrón. También ha aparecido la firma, IV-Meer, en la parte superior izquierda del lienzo. Otro descubrimiento es el cortinaje verde oscuro, con trazos en diagonal, que con el tiempo había cambiado de color.

El comercio de los Países Bajos y los materiales más exóticos como pigmentos.

El adorno oriental de la cabeza, el turbante, contiene lapislázuli, originario del actual Afganistán. El artista calentaba la piedra semipreciosa para lograr un tono más intenso. Además, se ha descubierto, que añadía aceite de linaza caliente a los pigmentos para lograr efectos ópticos más sutiles.

El blanco plomo era de Inglaterra, el amarillo ocre deriva de la tierra europea, rica en hierro; el rojo de los labios procede de la cochinilla, un insecto que vive en los cactus en México y Sudamérica, y el azul índigo llegó de Asia o América. Debido al comercio mundial de especies de los Países Bajos en la época, el artista tenía acceso a los materiales más exóticos, explorando sus peculiaridades y aportando ese misterio a las obras que las hace sublimes.

Esto es todo por hoy, hasta aquí hemos llegado; nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Johannes Vermeer – La joven de la perla, 1665-1667.
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