El Grand Tour y Venecia.

Los viajeros extranjeros, en busca de la belleza y placer, completaban su formación con el Grand Tour, en el que una visita a la ciudad de Venecia era inexcusable, llevándose un significativo recuerdo de su estancia en dicha urbe.

La veduta veneciana.

Los ingleses se llevaban pequeños cuadros al óleo de Canaletto, conocidos como las vedute, un género pictórico en la Venecia de la Ilustración. El paisaje dejaba de constituir un simple fondo o escenario, para ambientar otros asuntos, y se acreditaba a sí mismo como tema.

Veduta: de la realidad al capriccio.

Hubo artistas en el siglo XVII que ya practicaron este género, pero fue en el XVIII donde se consagraron las vedutas de Canaletto, Bernardo Belloto, Michele Marieschi y Francesco Guardi.

Las obras de Antonio Canaletto trataban de retratar, con una fidelidad fotográfica, la realidad paisajística de Venecia. Además, el hombre tenía presencia en estos paisajes. El pintor procuraba reflejar la perspectiva que la burguesía quería, sitios significativos de la urbe, los lugares más visitados y admirados por ellos.

El paisajismo de Canaletto es una pintura de género, que aludía a las costumbres de los ciudadanos venecianos. En algunas ocasiones, ejercía como crónica histórica de determinados acontecimientos, como la llegada del embajador francés a Venecia, de 1726, actualmente en el Hermitage, o la recepción del Embajador Imperial en el Palacio Ducal.

El realismo inicial, por el empleo de la cámara óptica, fue dejando paso a un mayor grado de invención, que es la consecuencia de la realización de numerosos apuntes y bocetos al natural, con la colaboración de sus discípulos, entre los que figura Bernardo Belloto, su sobrino. El resultado era la modificación de las vistas de los cuadros combinados con distintos puntos de vista, el empleo de la perspectiva, y un gusto por representar una Venecia inventada o transformada, reflejando lo que se llamó “Capricho o Invención”, un nuevo género de la pintura, que consistía en tomar un sito del natural y adornarlo con bellos edificios sacados de aquí y allá.

La veduta de Canaletto.

Canaletto (1697 – 1768), apodo de Giovani Antonio da Canal, se formó con su padre, que era un pintor de escenografías teatrales. Viajó a Roma en 1719, y allí conoció las vistas urbanas pintadas por Giovanni Paolo Pannini. A su regreso a Venecia, comenzó a pintar una serie de caprichos con ruinas clásicas. Varios coleccionistas y empresarios teatrales le contrataron, pero el más significativo fue Joseph Smith, cónsul británico en la república de Venecia y marchante de arte, lo que le permitió hacerse con una clientela importante.

En 1746, Canaletto se estableció en Londres, y sustituyó los paisajes venecianos por paisajes de la ciudad inglesa, pero nunca tuvieron la gran acogida que sus vedutas venecianas.

La veduta de Bellotto.

También tenemos que destacar a Bernardo Bellotto (1720 – 1780), que emprendió el camino de su tío, pero empleando un colorido menos brillante. Fue un gran viajero internacional, pintó no solo paisajes venecianos, sino también de otras ciudades. Residió en Dresde, Viena o Munich. Trabajó para el Príncipe Elector Federico Augusto de Sajonia, y acabó sus días en Varsovia, cuando trabaja para Estanislao I de Polonia.

Sus paisajes urbanos tienen la misma minuciosa exactitud de su tío, pero con el empleo de tonos más oscuros; son cuadros de matices grisáceos.

Bernardo Bellotto – Capricho con río y puente, hacia 1745. Óleo sobre lienzo. 48,5 x 73 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid. Nº INV. 40 (1934.2). SALA 17. ©Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid. En esta veduta, Bellotto optó por imaginarse parte del paisaje, lo que se denomina un capriccio.
La veduta de Francesco Guardi.

Y por último, hablar de Francesco Guardi (1712 – 1793). Practicó el vedutismo con gran originalidad e inventiva, y con un trazo bastante más libre. Desarrolló paisajes más subjetivos, de contornos esfumados y pinceladas espontáneas que producen un ambiente irreal. Ello motivó que fuera tan admirado por los pintores impresionistas.

También trabajó como decorador de escenografías teatrales. Estaba casado con la hermana de  Giovanni Battista Tiepolo. No salió de Venecia, y en sus vedutas de fantasía incluyó arquitecturas palladianas, que parecen paisajes románticos. Sus cuadros manifiestan una gran fantasía, y una sensación de soledad y misterio.

Conclusión: hay que ir a Venecia y disfrutar de sus pinturas y de sus canales. Esto es todo por hoy, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Francesco Guardi – An Architectural Caprice with a Palladian Style Building. hacia 1770 – 1780. Óleo sobre lienzo, 22.3 x 17cm. The National Gallery, Londres.
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