Sale a la luz estos días una noticia en los medios que nos llama la atención. Se refiere a la investigación que se está llevando a cabo sobre José Luis Rueda, hijo adoptivo y heredero del escultor Gerardo Rueda. Se le imputan presuntos delitos de prevaricación, malversación y falsedad documental.

La investigación apunta a que vendió obras de su padre presuntamente falsas al Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Los hechos se remontan a 2004, la época en la que Consuelo Císcar fue directora de la institución y que ya en 2016 fue imputada por los mismos delitos. Diversos informes incorporados a la causa recogen que la Generalitat pagó a través del IVAM más de 3 millones de euros por obras supuestamente atribuidas a Rueda.

Es una lástima cómo una institución como es el IVAM, que ha demostrado su valía y profesionalidad en los últimos años, se ve salpicada por estos casos después del lamentable paso de Císcar por su dirección.

Ahora inauguran la exposición “A contratiempo. Medio siglo de artistas valencianas (1929-1980)”, que recrea el lento y espinoso camino que las artistas valencianas tuvieron que recorrer para conquistar su visibilidad y profesionalización desde el final de la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República hasta la década de los años ochenta

Con mucha frecuencia en Tasararte nos entran casos de falsa atribución o falsificación, propietarios de Goya, Velázquez, Picasso o Miró que luego resultan no serlo. Por citar algún caso, el de un bodegón de Fernando Botero. Encontramos la obra en una publicación de Editorial La Bachué escrita por Christian Padilla: “Fernando Botero. La búsqueda de un estilo: 1949-1963”. Comparando la imagen de la obra con la del cliente propietario se apreciaba a simple vista que se trataba de una burda copia, que al estar firmada como “Botero” al igual que el original (de hecho, la firma era lo mejor falsificado) su valor de mercado es cero. Es la imagen de portada.

Otro caso a mencionar es el de un Sorolla que llegó a nuestras manos, que una vez examinado por Blanca Pons Sorolla nos dijo que era falso, que entre otras cosas su bisabuelo nunca firmaba con rojo (algún caso en granate porque el fondo era negro), aparte de la calidad y otros aspectos técnicos de la obra.

Peor es el caso de un Cecilio Pla, cuya propietaria había heredado de un familiar que la había adquirido directamente a la familia Pla, con la que tenía un cierto grado de amistad. En este caso la procedencia era indiscutible, pero resultó ser falsa y se atribuyó la autoría a su hija Cristina Pla, también pintora y cuyas siglas coinciden “C. Pla”. Parece ser que en ocasiones se vendían obras suyas como si fueran de su padre por estar más cotizado.

Gracias por estar ahí, y contamos con vosotros en nuestra próxima entrada en el blog www.tasararte.com/blog/.

Obra atribuida a Joaquín Sorolla y que resultó ser una falsificación.

La firma falsa de Sorolla.

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