Estamos sorprendidos del numero de falsificaciones de obras de arte que pueblan los museos del mundo y colecciones privadas con el calificativo de «auténticas». Se acaba de destapar una trama en la que está involucrado un español, un chino y una mexicana que comercializaban con una galería norteamericana y un marchante inglés obras de arte de primeras figuras del expresionismo abstracto como auténticas; qué poca vergüenza  y qué malestar producen estos casos, casi tanto como cuando hablan de récord de ventas en las casa de subastas anunciando que un Warhol o un Van Gogh se han vendido por millones de euros, un despropósito «todo» desde el principio. Trapichear con el arte indigna a quien lo ama, y utilizar nombres del pasado para rubricar obras de otra autoría imaginamos que hará saltar a los artistas de sus tumbas. Lo que más preocupa es que los casos esporádicos de los que nos enteramos nos hacen pensar ¿de cuáles no nos estamos enterando?, y probablemente de esos también hay muchos. Podríamos hacer una reflexión mítica sobre el «aura de las obras auténticas» que tan sana y acertadamente nombró Walter Benjamin en sus reflexiones sobre el arte. De ese resplandor es del que se fian los «autentificadores» oficiales, de ese familiarizarse con la impronta de un artista determinado, estudiar su obra, leer su biografía y ante tan diestro entrenamiento de ojo… un día vislumbra algo indescriptible pero que no encaja, que inquieta, que produce una reacción adversa y ese súbito aviso hace al «autentificador» llegar a la conclusión de que «no», «la obra no pertenece a la mano del artista del que soy experto». La paradoja llega cuando esa misma opinión se produce en otro «autentificador» distinto, de otro país, de otra región del mundo, de otra generación o de otra época. La picaresca del ser humano no tiene límites y a veces se atreve a adulterar lo sagrado, sin respeto alguno. El afán crematístico del hombre le lleva a promulgar la creación de una trama minuciosamente programada para engañar, falsificar, distorsionar y estafar. Un tal Jose Carlos Bergantiños es el último artífice de trapichear con cuadros falsos, encargados a un artista chino refugiado en su país, un tal Pei-Shen Qian para, a través de la Galería neoyorquina Knoedler & Company, de un marchante independiente, Julian Weismann, y una mexicana también vendedora de arte, Glafira Rosales, poner en el mercado como auténticos obras falsificadas de Jackson Pollock, Franz Kline, Lee Krasner, Willem de Kooning, Barnett Newman, Clifford Still etc, etc, etc. Lamentable.

El artista chino estafadorFoto: New York Times

 

Y si eso es lamentable, también da qué pensar que muchos poseedores de viejos lienzos piensen que por ser viejos valen algo. «No», la calidad no entiende de cronologias. De hecho lo que habla de calidad no es tanto la antigüedad como la mano del artista. Hay miles de artistas que comienzan bien y ahí se quedan, o que pertenecieron a una época pero no la traspasaron; miles de factores inciden en que un artista triunfe o no, algunos pertenecen al mundo de lo lógico y otros en cambio sorprenden. No por tener un lienzo viejo en casa eso significa que valga mucho, hay una confusión que hace asociar lo viejo con lo valioso y esa es una apreciación erronea; de hecho suele ser el arte contemporáneo el que más vale. Tenemos una afluencia constante de poseedores de obras que siempre piensan que la suya vale mucho más de lo que valen, porque en realidad no valen nada. El arte puede tener valor alto o ningún valor, depende de mucho factores: la calidad del artista, su cotización en el mercado secundario, su presencia en museos o grandes colecciones de arte, que haya creado un lenguaje propio, que su labor se haga extensiva con una generación que innovó o que produjo literatura artística para justificar su evolución, que pertenezca a un movimiento de vanguardia. Muchos factores distinguen a unos artistas de otros, cualquiera puede producir una pintura, pero muy pocos se revalorizan y generalmente esos pocos no dieron rienda suelta a su arte pensando en su comercialización o revalorización, eso es un factor que viene después y que con los años se explica como la confluencia de varios factores. En otro post hablaremos de esto»

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