Las muestras o exposiciones que nos ofrecen los centros culturales de España y de fuera quieren potenciar en el espectador aspectos que les ayuden a desarrollar sus destrezas, fomentar su imaginación, adquirir cultura, profundizar en temas interesantes, periodos pasados que marcaron un hito insertados en su tiempo.

Estos días han inaugurado en el Museo del Prado una exposición de Gian Lorenzo Bernini (Nápoles 1598-1680), el tema era  Bernini en España para mostrar como Felipe IV y Carlos II contaron con él en su mecenazgo artístico encargándole algún proyecto. Bernini en ese momento era uno de los grandes artistas, cultivaba varias artes: la arquitectura, la escultura, era pintor, escenógrafo, dramaturgo y varias cortes, además de la Papal, le hacían encargos; viajó a Francia para visitar a Luis XIV y realizó varios encargos europeos. La muestra, que comisaría Delfín Rodríguez, entendemos que quería demostrar que nosotros desde nuestro hábitat geográfico estábamos ahí, al tanto de lo que ocurría, pero la escasez de piezas que componen la muestra (39 obras, 23 de Bernini) y las rencillas con Patrimonio Nacional han convertido la muestra en una exposición de gabinete, pequeña y algo desangelada. Quien ha conseguido traer obras de gran interés para los visitantes es el Museo Thyssen de Madrid, esta vez nos deleita con una muestra sobre impacto que el movimiento impresionista francés causó en Norteamérica, esta vez nos situamos en la segunda mitad del siglo XIX, Mary Cassatt (USA 1844-1926) hija de banquero y pintora supo trasladar de París a Estados Unidos el magnetismo de los temas y el modo de creación que los impresionistas había conseguido en Francia,  la muestra exhibe 80 obras magníficamente bien seleccionadas de una exposición itinerante que estos días descansa en España. Los temas costumbristas, las condiciones meteorológicas, los cambios de luz en la atmósfera del paisaje, la pincelada evidente, pintar al natural son rasgos comunes en un movimiento muy poco homogéneo, en el que cuenta la interpretación personal de cada artista. En la muestra se descubre un Childe Hassam que siempre sorprende, un ya conocido para el museo John Singer Sargent, Theodore Robinson, John Leslie Breck, era una época en la que todo lo europeo fascinaba a una América joven y dispuesta a profundizar en lo mejor, para de ese modo, prosperar sin límites.

Tenemos también que anunciar la inauguración de un nuevo Museo en la Capital, el Museo Carlos de Amberes en Madrid, una institución que cumple sus 420 años de existencia, que ha ofrecido múltiples iniciativas expositivas siempre con el objetivo de no olvidar la enorme vinculación que durante siglos nos unió a los Países Bajos. Medio centenar de obras de artistas de los siglos XVI y XVII de maestros flamencos y holandeses nos esperan: Van Dyck, Jacob Jordaens, Jan Brueghel El Viejo, Cornelis de Vos son solo algunos nombres. Profundizar en este periodo a través de exposiciones siempre es de agradecer.

Por fin llegamos a un tema que nos interesa mucho comentar, como siempre es el Museo Reina Sofía quien nos ofrece esta oportunidad, se ha rescatado la obra de una artista que estuvo tiempo en el ostracismo y su lenguaje creativo vuelve a emerger con coherencia, en una sociedad que apoya los anti-sistemas. Patricia Gadea (1960-2006), compañera durante décadas de Juan Ugalde (Bilbao 1958) , fueron en su juventud seguidores de Luis Gordillo (Sevilla 1934)  y desde su formación en la Escuela de Bellas Artes fueron Becados por el programa Fullbright disfrutando de su etapa en Nueva York, ahí crearon un colectivo de arte político e irónico neo-pop “Estujenbank”, que mostraba en sus lienzos una figuración descarada y gamberra con un lenguaje alternativo con prácticas del cómic y collages muy sui generis. Son 120 obras de una artista que tras su joven muerte y desde donde esté, todavía reclama un lugar en el que mostrar su mundo personal y que los gestores del MCARS han sabido años después de su muerte apreciar. Estamos deseando verlo.

Patricia Gadea – El ritmo del mundo (1984)

Patricia Gadea El ritmo del mundo 1984 recortada BP

Fuera de España, París, siempre en la brecha, nos ofrece en su Museo Quai Branly, centro especializado en civilizaciones antiguas, la posibilidad de adentrarnos en la civilización Maya, Mayas revelación de un tiempo sin fin, intenta de un modo coherente y acertado llevar por el recorrido a visitantes para la contemplación de 400 obras que dejan una somera idea de lo que fue esta cultura, orgullo patrimonial de un país polémico cuya civilización actual quizá podríamos comprender mejor si pudiéramos comprender su cultura ancestral. Mercedes de la Garza, comisaria mexicana de la muestra, ha hecho un gran trabajo,  ayudándonos a entender una civilización que se resiste a extinguirse y que creía que el tiempo consistía en una espiral de ciclos. También la magnitud del mecenazgo de la Familia Borgia, y en este caso nos trasladamos a Roma en los siglos XV y XVI, es el tema que ha elegido el Museo Maillol de París, una dinastía española, con sus luces y sus sombras, pero que se resiste a desaparecer con su negra leyenda.

Y terminamos con la negación a aceptar premios culturales como protesta política; el Premio Nacional de Fotografía ha sido rechazado por Isabel Steva Hernández (Barcelona 1940) apodada Colita, y el Premio Nacional de Música también  ¿Contribuirán estos gestos a que reflexionen los políticos? Y sin más, despedirnos con nuestra más sincera enhorabuena a Jordi Teixidor de Otto (Valencia 1941) por el Premio Nacional de artes Plásticas que ha recibido, un artista que reivindica la unión indisoluble entre la filosofía y la pintura. Cada semana más en nuestro blog, gracias por estar ahí.

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