John Baldessari y la hoguera purificadora.

John Baldessari: se nos ha ido un “extraño” genio.

El pasado 2 de enero falleció a los 88 años en su casa de Venice, en California, John Baldessari, un artista considerado uno de los pioneros y padrino del arte conceptual. La noticia se dio a conocer en víspera de Reyes, como si se tratase de una última obra suya, con ese “extraño” sentido del humor que el consideraba que no tenía.

John Baldessari nació en junio de 1931 en National City, California. Se inició como pintor y evolucionó en una incansable búsqueda de distintos medios y formas para expresarse, combinando fotografía con texto, utilizando el vídeo, diseñando instalaciones, obra pública, libros de artista, vallas; experimentó con prácticamente todo. Se le encuadra en el arte conceptual, pero realmente es de esas personas difíciles de clasificar, con una personalidad única que es la que realmente le hizo destacar.

Inteligente, culto, inquieto, siempre cuestionándose todo, su currículum es impresionante. Se formó en la Universidad Estatal de San Diego, en la de California en Berkeley, en la de los Ángeles (UCLA) y en el Chouinard Art Institute, fue profesor en el California Institute of the Arts en Valencia, CA (1970-1988) y en UCLA (1996-2007). Más de trescientas exposiciones individuales y mil colectivas por todo el mundo. Sus premios y distinciones son numerosas (incluyendo una Beca Guggenheim en 1986), títulos honoríficos de varias universidades, miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y también de la de las Artes y las Letras.

La polémica del arte conceptual.

Hace poco vimos en todos los medios una noticia sobre el mundo del arte que a todos llamó la atención (especialmente a los no introducidos en el mundo del arte) en la que en una feria de arte (Art Basel, Miami) se vendió por ciento veinte mil dólares una obra que consistía en un plátano pegado con cinta adhesiva en una pared (“Comediante”, de Maurizio Cattelan). Y lo mejor de todo, doble noticia, otro artista (David Datuna) entró en el stand en un momento en el que estaba atestado de cámaras y reporteros y, delante de todos, desprendió el plátano de la pared y se lo zampó tranquilamente ante la mirada atónita de los presentes; dijo que también era una obra de arte y la tituló “Artista hambriento”.

John Baldessari hizo mucho antes, en 1970, un acto mucho más revelador (y desde nuestro punto de vista, valiente).

John Baldessari y la hoguera purificadora.

El 24 de julio de 1970 John Baldessari dejó que el fuego devorara toda su obra, todas las pinturas que había producido entre 1953 y 1966 y que aún conservaba, en torno a un centenar. Poco antes las había destruido saltando sobre ellas, haciéndolas trizas. Guardó las cenizas en una urna en forma de libro como testimonio de los hechos, una urna que se puede contemplar en el MACBA junto a una lápida referencial.

Una drástica acción que simbolizaba sus dudas respecto al arte dominante de aquella época, un acto purificador que simbolizó su renacer artístico, una metáfora del ave Fénix, que resurgía de sus cenizas; el final es un comienzo. (También es verdad que había una motivación más prosaica, una cuestión logística, porque se mudaba a Los Ángeles).

A aquel acto lo llamó “Cremation Project”. Documentado en imágenes, fue el inicio de su leyenda como el padrino del arte conceptual.

Al año siguiente, en 1971, hizo una exposición que fue toda una declaración de intenciones, su título era “I Will Not Make Any More Boring Art” (Nunca más haré arte aburrido). Fue su incursión en el texto como elemento artístico visual.

John Baldessari y su sentido del humor.

Decía que compartía una concordancia con Cervantes y Goya, autores que mantienen una dicotomía entre lo divertido o trágico a la vez.

«A menudo, se ha relacionado mi obra con el humor, pero no es mi meta, mi objetivo, y eso me hace pensar en una analogía con Cervantes, de quien no sabemos si quiere hacernos reír o pretende ser un escritor serio», decía. Y respecto a Goya: «Otro de mis héroes siempre ha sido Goya, y cabe preguntarse si su obra es divertida o trágica. Yo creo que las dos cosas». La ironía de sus obras son un producto secundario, no buscado de forma consciente.

Para Baldessari las obras se hacen en la mente (la idea o verdadera creación) y otros son los ejecutores. Esto es todo por hoy, hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

John Baldessari – Beethoven’s Trumpet, parte de la exposición ‘Arte Sonoro’, celebrada a principios de 2019 en la Fundación Joan Miró de Barcelona.

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