Retrato de la marquesa de Santa Cruz, el encargo a Goya como la musa Euterpe.

Una jovencísima marquesa de Santa Cruz encarga a Goya en 1805 este retrato alegórico, también conocido como Euterpe, debido al tocado floral con racimos de uvas y pámpanos, al corte clásico de la túnica que cubre su cuerpo, y la lira que sostiene con su mano izquierda. Esta lira suscitó más adelante cierta polémica, ya que aparece en su roseta una cruz gamada. Probablemente la eligió la joven aristócrata, que quiso parecerse a Euterpe, por ser la musa de la flauta.

Por su juventud, quiso mostrar la plenitud de su belleza, su enorme sensualidad, justificado todo por su asociación con una musa, y en una postura que recuerda a una odalisca. Goya realizó este cuadro con vivos colores y suaves tonos, no exento de cierto erotismo.

La marquesa de Santa Cruz, sensual y en una postura algo forzada.

La marquesa aparece en un diván, la postura es algo forzosa, la vestimenta, de gasa blanca, se sujeta con finos tirantes, dejando el escote a la vista, también los hombros y los brazos. Un chal de tonos marrones cubre parte de su antebrazo, mientras la otra mano se apoya sobre la cómoda almohada. Con dicha mano sostiene un pañuelo blanco, y todo este atuendo choca con la colcha rojiza, que muestra el efecto del peso del cuerpo sobre el diván, lo que da cierta sensación de rigidez.

La retratada marquesa Santa Cruz, Joaquina.

Joaquina Téllez-Girón y Pimentel, hija de los marqueses de Osuna, amaba el arte. Siendo una niña, en 1788, ya fue retratada por Goya. En este cuadro, figura apoyada en el regazo de su madre, la condesa de Benavente.

En 1801, contrae matrimonio con Javier Silva y Bazán, primogénito de los marqueses de Santa Cruz, y heredó el título; con este matrimonio se unieron dos grandes familias de la nobleza española. Se educó en un ambiente refinado; su madre, destacada mujer de la Ilustración, proporcionó a sus hijos conocimiento de acuerdo con las nuevas corrientes pedagógicas. Se reunía en salones con reconocidos intelectuales, músicos y artistas. También figura su papel en la monarquía, como aya de la reina Isabel II. Muere en 1851.

La marquesa de Santa Cruz, una musa, ¿pero cuál?

En la mitología griega existen nueve musas, hermanas. Eran las cantoras divinas, encargadas de los coros e himnos para amenizar en el Monte Olimpo. Existían dos grupos, las de Tracia y las de Beocia, y fueron de vital importancia para el desarrollo artístico en la Antigua Grecia Las primeras guardan relación con el mito de Orfeo y el culto a Dionisio; las segundas dependían de Apolo. Desde la época clásica se les atribuyó diversos cometidos. Las nueve musas son CalíopeClíoEratóEuterpeMelpómenePolimniaTalíaTerpsícore y Urania.

A Euterpe le correspondió la flauta. Sin embargo, no está claro de qué musa se trata en esta obra, aunque también se la conozca como Euterpe. Es posible que Goya retratara a la marquesa como Terpsícore, la musa de la danza, de la poesía ligera y del canto coral, ya que la lira aparecía también como el objeto simbólico que la acompañaba en representaciones clásicas.

La indefinición en las representaciones de las Musas, hace difícil identificar a la marquesa con una de ellas en concreto, ya que, por ejemplo, Erato, musa de la poesía lírica, llevaba asimismo la lira de Apolo, que enlazaba también con las aficiones poéticas de la marquesa. Es posible que Goya quisiera unir en una sola figura las varias aficiones artísticas de la joven marquesa, para presentarla como una verdadera musa de su tiempo.

Las vicisitudes de la Marquesa de Santa Cruz, exportada ilegalmente.

Por ponernos en antecedentes, este lienzo procede de la colección de los marqueses de Santa Cruz, pasó luego a su hijo, el conde de la Concha. Formó parte de la colección Valdés, de Bilbao, y finalmente, en 1986, fue adquirido por el Ministerio de Cultura, ya que un noble inglés, Lord Wimborne, lo subastó en la casa de subastas internacional Christie’s.

El ya fallecido Plácido Arango tuvo un papel crucial en esta reconquista, y el prestigioso abogado  Rodrigo Uría Meruéndano participó gratuitamente como abogado en representación del Estado español en la recuperación del lienzo. El litigio concluyó con la suspensión de la subasta y la recuperación del cuadro, que se adscribió al Museo del Prado, aunque se tuvo que indemnizar al Lord con el precio estimado, 6 millones de dólares, casi 900 millones de pesetas de la época, ya que se entendió que él desconocía el origen dudoso de la obra pues la compró a un intermediario.

La marquesa de Santa Cruz descansa en el Prado.

El cuadro se puede visitar en el Museo del Prado de Madrid, en el que esta bella joven de la nobleza española nos delita con su poder de seducción. Esto es todo, unos breves y humildes comentarios sobre una gran obra del grandísimo maestro que fue y sigue siendo Goya; nos despedimos hasta nuestro próximo blog www.tasararte.com/blog/

Francisco de Goya y Lucientes – La marquesa de Santa Cruz, 1805. Óleo sobre lienzo sin forrar, 124,7 x 207,7 cm. Sala 038. Museo Nacional del Prado, Madrid, España.
Francisco de Goya y Lucientes – La marquesa de Santa Cruz, 1805. Óleo sobre lienzo sin forrar, 124,7 x 207,7 cm. Sala 038. Museo Nacional del Prado, Madrid, España.
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