La navidad trae consigo ese final de año en el que todos hacemos recuento de qué ha pasado, toda España en general se consagra, con certeza, como un gran país en Patrimonio artístico y cultural, todas las exposiciones y eventos que ha habido este año lo confirman; y eso nos hace esforzarnos cada día más en contribuir a ese mantenimiento de la cultura, porque ese pequeño grano de arena de cada uno, no es nada desdeñable.

Reuniendo ítems de arte esta semana podemos comenzar por desvelar que la estatua ecuestre de Felipe IV, el penúltimo de la dinastía de los Austrias, la que habita justo en el centro de la Plaza del Palacio de Oriente de Madrid, está siendo restaurada, revisada y sometida a una exhaustiva limpieza, y ello nos ha hecho verificar que el escultor Pietro Tacca (1577-1640), artífice junto a su hijo del monumento, hizo un trabajo espectacular, por el detallismo de las texturas, sin dejar de aportar su maestría. La cabeza parece que no gustó al monarca y tuvo que ser sometida a algunos cambios; el estudio del modus operandi del XVII siempre nos deja boquiabiertos por los logros que ya entonces habían alcanzado los artistas. La estatua llegó desde Florencia a España para conmemorar un mecenas que por entonces también era el monarca. Otra obra de arte que viene de fuera, en este caso desde Londres, es un díptico del artista gallego Genaro Pérez Villamil (1807-1854), el Estado la adquirió en el año 2011 y se exhibe en el Museo del Prado; parece que es una pieza espectacular, que contiene cuarenta y dos óleos pequeños con vistas monumentales de ciudades españolas: Toledo, Segovia, el paisaje urbano y las arquitecturas como temática siempre atraen; aporta mucha información de cómo fueron dichos escenarios en el siglo XIX, un siglo en que el Romanticismo reina en las artes y que Pérez Villamil supo representar con maestría, mostrando todas las conquista que en materia de pintura se manifestaban: como resaltar los efectos de la luz, la destreza del pintor al óleo sobre soporte de hojalata, sin duda hay que verlo.

Pablo Genovés, Nuevo Barroco, de la serie Cronología del ruido
Pablo Genovés, Nuevo Barroco, de la serie Cronología del ruido

El Canal de Isabel II con ese magnífico torreón que sirve de sala de exposiciones acoge una muestra de fotografía de Pablo Genovés (Madrid 1959, hijo del gran Juan Genovés), un fotógrafo que vive entre España y Alemania y que ilustra en su obra una temática muy especial; son instantáneas en blanco y negro de lugares emblemáticos de gran belleza arquitectónica pero invadidos por fuerzas de la naturaleza que los desintegran, un mensaje de cómo nos estamos cargando el planeta, pero lleno de poesía y cierto apocalipsis. “El ruido y la furia” se titula la muestra comisariada por Alicia Murría con 38 fotografías. La Fundación Mapfre también inaugura por estos días una exposición de Alvin Langdon Coburn (Boston 1882-1980), un singular fotógrafo, con mucho de poeta, que supo ilustrar por temáticas algunos aspectos de la época que le toco vivir. En una primera toma de contacto hay algunos retratos de personajes relevantes de su época: Mark Twain, Henri Matisse, Auguste Rodin, Gertrude Stein, George Bernard Shaw…, nos entra una emoción enorme de pensar que tuvo la suerte de compartir momentos con todos ellos, para luego dar paso a fotografías sobre la ciudad de Londres desde perspectivas insólitas, o al crecimiento ilimitado de la ciudad de Nueva York entre 1903 y 1912. Este singular personaje dejó su vida mundana al comienzo de la I Guerra Mundial y necesitó retirarse a un monasterio para entregarse a la reflexión y a la vida espiritual, por eso su nombre no es tan popular como el de Arthur Stieglitz, Steichen o Strand. Rescatar figuras del pasado que quedaron silenciadas durante décadas pero que aportaron ingenio y creatividad, es una de las grandes conquistas de las exposiciones temporales, Coburn participó en el movimiento vorticista, ese arte geométrico y semiabstracto basado en formas procedentes de las máquinas y la arquitectura.

Algo anecdótico es la conclusión a la que han llegado un artista holandés referente a la obra Johannes Vermeer (Países Bajos 1632-1675) “La joven de la perla” (aunque parezca algo anecdótico y sin importancia) en esa época es imposible que dicha muchacha portara una perla, sino más bien es un pendiente de plata, además parece que la obra ha tenido varios títulos: “un retrato al estilo turco”, “joven con turbante”, “Cabeza de joven” y que sólo desde 1995 pasó a popularizarse como “La joven de la perla”, qué más da, si lo que cuenta es ella y su mirada…

Johannes Vermeer, La joven de la perla
Johannes Vermeer, La joven de la perla

El Museo Thyssen, tan deficitario en solvencia y tan rico en obras de arte, ha estado ideando y se ha unido a la moda del vídeo juego de la mano de Sony y para la Play Station, un sector en el que la creatividad no tiene límites, ni para lo bueno ni para lo malo, y de lo poco conocemos de este sector lo que quiere es acercar a los niños los grandes obras de la colección. Parece surrealista y sobre todo deseamos suerte y éxito en la iniciativa, aunque tengamos nuestras dudas.

Y por ultimo hablar una semana tras otra del IVAM, el Museo de arte contemporáneo de Valencia, que parece que no ha parado de falsear las cifras de visitas, la anterior gestora hinchó sin dilación, año tras año, las cifras de asistencia del público a la colección, convirtiéndolo, según estas cifras falsas, en una de las pinacotecas más visitadas de España. La política y el arte se dan nuevamente la mano, pero esta vez en forma de trapicheo y estafa en lo que a información se refiere.

Hemos descubierto lo bien que escribe Ángela Molina Climent (1962), crítica de arte y doctora en teoría de la literatura y literatura comparada por la UAB. Feliz Navidad. Gracias por seguirnos y por la fidelidad.

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