La semana pasada abordamos el blog hablando de Caravaggio, y esta lo hacemos con el que está considerado como su mejor discípulo, reconocido internacionalmente, José de Ribera, apodado El Españoleto. Nació en Játiva en 1591 y marcho pronto a Italia, primero a Roma para más tarde establecerse definitivamente en Nápoles 1616.

Desde muy pronto le persiguen los problemas con la justicia y tuvo fama de ser muy conflictivo. Los pintores y escritores románticos del siglo XIX le convierten en un pintor tenebroso y macabro; Lord Byron llegó a decir que mojaba su pincel en la sangre de todos los Santos. Evocar a José de Ribera era pensar en escenas de martirios a viejos penitentes de piel reseca, abrazados fanáticamente a una cruz y golpeándose en el pecho, pero este artista también pinto imágenes llenas de encanto y dulzura.

Ribera: de España a Italia.

Su formación comenzó en Parma, después fue a Roma, y después a Nápoles; conoció la pintura de Caravaggio con sus violentos efectos de claroscuro y un poderoso realismo a la hora de contar historias.

En la década de 1630 su estilo experimenta una importante evolución, se aleja del caravaggismo y se abre a colores más claros y luminosos, rechazando los contrastes de luz de sus primeros años. La temática que emplea es religiosa, mitológica, cuadros de género y reflexiones sobre la antigüedad en forma de imágenes de filósofos, y la representación iconográfica de los cinco sentidos. Trabajó también el grabado y el dibujo revelando una extraordinaria capacidad para cultivar un dibujo lleno de fuerza y expresividad, indagando en las pasiones del alma y con un complejo entramado de emociones en los personajes que desarrolla.

Estudiando a Ribera.

En el verano del 2011 el Museo del Prado le dedica una exposición extraordinaria titulada “El joven Ribera”, que reconstruye sus primeros años en Italia y, concretamente, la actividad que desarrolló en Parma y en Roma. La tesis de Gabriele Finaldi es que ya instalado en Roma marcha a Parma; hoy todavía algunas de sus obras están perdidas, como por ejemplo “San Martín partiendo la capa con el mendigo” o la “Asunción de la Virgen con los santos Cosme y Damián”; de algunos de sus cuadros hay dudas sobre su autoría, como la hipótesis sobre el “Lamento sobre Cristo muerto” que se conserva en el Museo Capodimonte de Nápoles; se ha estudiado tanto su obra que, de las cinco o cuatro obras producidas en Roma, han pasado a ser reconocidas cincuenta y tres como de la mano del pintor.

Otro historiador experto en Ribera, Gianni Papi, le ha identificado como el maestro de “El juicio de Salomón” creado en su juventud, de ahí ha derivado la identificación de su autoría a obras como “Susana y los viejos”, “La negación de San Pedro” y algunas otras que muestran un estilo evolucionado y un lenguaje innovador, por el uso de prototipos y fisionomías; y la utilización de una técnica a base de pinceladas sintéticas y anchas como en el caso de “Jesús entre los doctores” o el caso de la obra titulada “Orígenes”, sobre el filósofo y teólogo Orígenes Adamantius; el tema de los filósofos fue ampliamente tratado por Ribera en Roma.

La resurrección de Lázaro y Los cinco sentidos.

Una obra muy importante de su producción es “La resurrección de Lázaro”, con esta composición Ribera legitima el naturalismo como pintura científica, ya que plantea soluciones recurrentes y estrategias narrativas en un formato horizontal y con muchos personajes encadenados en la búsqueda y análisis de los afectos, con un despliegue emocional sin precedentes y una técnica pictórica madura, muy distinta, aunque también magistral, si lo comparamos con “La resurrección de Lázaro” de Caravaggio, que es un episodio tumultuoso, mientras la obra de Ribera es más un drama íntimo.

La serie de “Los cinco sentidos” presenta una concepción de figuras aisladas de apariencia humilde; una serie hoy dispersa en distintos museos y colecciones repartidos por el mundo.

El Ribera de Nápoles.

El Ribera que se instala en Nápoles en noviembre de 1616 lleva un bagaje artístico reconocido por sus novedades revolucionarias y un enfoque naturalista vigente. La trayectoria de Ribera en Nápoles está marcada por los sucesivos Virreyes para los que trabajó, capitalizando los encargos más importantes, pintando activamente y recibiendo todo tipo de honores como personalidad artística importante de la ciudad. El Papa Urbano VIII le concede el hábito de la Orden de Cristo de Portugal. Trabajó para el duque de Osuna para la decoración de la Colegiata. Además, su representación de los santos es muy conocida, en ellos se ve una enorme potencia emocional y una luz dirigida a las sombras.

Otros encargos y obras de Ribera.

El Duque de Alcalá, en 1631, le encarga obras como “La mujer barbuda” o la serie de los filósofos, imágenes de una fuerza brutal, impositiva, que nos impacta por la negrura de la que emergen y la vulgaridad casi hiriente para el espectador. Mas adelante trabaja para el Conde de Monterrey, gran coleccionista, de gustos refinados en los que Ribera abandona el tenebrismo dando entrada a la luminosidad, modifica su gama cromática renunciando a los marrones y grises para dar entrada a tonalidades más claras y pinceladas menos pastosas, de esta época destacamos “Apolo y Marsias” del que existen dos versiones.

José de Ribera – Apolo y Marsias, 1637. Óleo sobre lienzo. 202 x 255 cm. Museos reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas.

En 1637 fue un año especialmente prolífico para la vida del pintor, coincide con el Duque de Medina de las Torres, para quién hace gran cantidad de obras maestras, como “El martirio de San Felipe”.  Los años 40 están marcados por un descenso de su actividad dada la enfermedad que padecía, una trombosis, que le puso en serios aprietos, y aun así, sigue pintando magníficas composiciones, que le permiten engrandecer sus figuras proyectándolas contra un cielo abierto amplio y luminoso. Su naturalismo se ha dulcificado, pinta modelos del natural y los envuelve en una atmósfera más amable, cómo es el caso de “El Patizambo” hoy en el Museo del Louvre en París y que hemos escogido como imagen de portada de este artículo. La temática religiosa da entrada a soluciones radiantes y gran barroquismo, como en su “Inmaculada Concepción” para el convento de Santa Isabel.

Última etapa de Ribera.

Un suceso dramático en la vida del pintor fue la violación, hacia 1647, de una sobrina por parte de Don Juan José de Austria, hijo de Felipe IV. Ella era una modelo femenino constante en Ribera, cómo en “Santa María Magdalena” del Museo del Prado o “La adoración de los pastores” en el Museo Louvre.

Una de sus obras finales, fechada en 1652, qué es el mismo año de su muerte, es “La comunión de San Donato”.

De este modo nos despedimos, tras hablar de uno de los artistas más singulares de la Historia del Arte, tanto por su polivalencia en la técnica cómo por las fuentes de las que bebió para crear sus historias mitológicas, filosóficas y sagradas, en las que hace un alarde de originalidad y renovación. Gracias por haber llegado hasta aquí. Nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

José de Ribera – La mujer barbuda (Magdalena Ventura con su marido), 1631. Óleo sobre lienzo. 196 x 127 cm. Museo del Prado, Madrid.
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