Ribera, el Españoleto.

En el artículo de hoy acudimos a la fórmula recurrente de comentar un cuadro, en este caso, la monumental obra “Ticio”, magistralmente ejecutada por José de Ribera, “El Españoleto.

Sobre la vida y obra de Ribera no nos vamos a extender demasiado, ya hablamos de ello en una anterior entrada que titulamos “Los nuevos realismos de José de Ribera”, a la que desde aquí redirigimos a todo aquel que quiera profundizar en su biografía. Baste decir que fue un genio, que triunfó en vida, que bebió de distintas fuentes para crear un estilo propio y que influyó en coetáneas y posteriores figuras fundamentales; hasta Rembrandt tuvo grabados suyos en los que inspirarse. Se trata, sin duda, de una figura clave e imprescindible en la Historia del Arte.

Ticio, de Ribera.

El cuadro forma parte de una serie de cuatro obras de Ribera con la temática mitológica de Ticio, Sísifo, Tántalo e Ixión, cuatro gigantes a los que Zeus (Júpiter en la mitología romana) había castigado por distintos motivos. Ribera fue el primero en pintar la serie de los Condenados o Furias, como se llamaban a los cuatro transgresores del orden divino.

Ticio, de José de Ribera, se trata de un óleo de grandes dimensiones (227 x 301 cm), realizado por el maestro en 1632, que actualmente se encuentra en el Museo Nacional del Prado, en Madrid.

Es una escena desgarradora, en la que Ticio aparece boca arriba con una expresión de dolor eterno mientras un buitre le devora el hígado (que es el órgano en el que según griegos y romanos residían las pasiones). Según otras versiones, eran dos serpientes, o dos buitres, las bestias que le infligían el castigo.

Ribera pintó la escena en la que Ticio se encuentra encadenado a una roca en el Tártaro, sufriendo el castigo que le había aplicado Júpiter. Un buitre le devora las entrañas durante el día, y al ser Ticio un gigante inmortal, por la noche se le regeneraba, para sufrir el mismo castigo al día siguiente y así por toda la eternidad.

El cuerpo de Ticio surge de un fondo negro, tenebrista, en el que claramente se aprecia la influencia que Caravaggio ejerció sobre Ribera. El cuerpo contorsionado, la espalda arqueada, las piernas del Gigante, que se hunden en la oscuridad mientras su cuerpo contrasta con su luminosidad, haciendo una obra maestra del claroscuro, que le dan tridimensionalidad a la escena.

Los gestos realistas de sufrimiento que Ribera sabe plasmar en la cara de Ticio, reforzados por la palma de su mano abierta realzando la tensión de la escena, consiguen que el espectador casi pueda sentir el sufrimiento del Gigante. Las arrugas que surcan la frente, la nariz arrugada, la boca abierta en un grito de dolor continuo, los miembros agitándose contorsionados, todo el conjunto compositivo, hacen que al mirar la obra se sienta el mismo espanto y horror que el protagonista de la escena, cuyo tamaño es bastante mayor que al natural por las dimensiones del lienzo (o la mejor porque era Gigante).

El castigo de Ticio, la escena de Ribera.

En la mitología griega, Ticio era un personaje menor de lujuria desenfrenada, hijo de Zeus y de Elara, una de las muchas mortales conquistadas por Zeus. Ticio era un gigante, (de hecho, su nombre tiene la misma raíz que “Titán”).

La razón por la que Ticio fue castigado fue por su intento de violación a Leto. Estando ésta de viaje, en el camino Ticio la asaltó en intentó violar, rasgando sus vestiduras. Los gritos de Leto llamaron la atención de Apolo y Artemisa, quienes acabaron con el gigante atravesándole con sus flechas; según otras versiones, fue el propio Zeus, su padre, quien lo fulminó con un rayo.

Pero como ya dijimos, Ticio era inmortal, con lo que el castigo de su padre fue el ya comentado, el que Ribera describe en su obra, encadenándole a una roca del Tártaro y dejando que las fieras le comiesen las entrañas durante el día.

La moraleja de este mito, y de esta obra de Ribera, no es otra que la de advertir del escarmiento que podían sufrir aquellos que osasen rebelarse con el poder establecido.

Hasta aquí hemos llegado, gracias por leernos, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/.

José de Ribera – Ticio, 1632. Óleo sobre lienzo, 227 x 301 cm. Museo Nacional del Prado, Madrid, sala 001.
José de Ribera – Ticio, 1632. Óleo sobre lienzo, 227 x 301 cm. Museo Nacional del Prado, Madrid, sala 001.
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