La revolución cultural en el siglo XVII.

El arte del siglo XVII supone una revolución cultural en nombre de la iglesia católica. Había que educar al pueblo por medio de la imagen, estamos en la Contrarreforma; desaparece la idealización del Renacimiento y el Manierismo para dar pie a un arte naturalista, lo más cercano posible a la realidad. Se descubren nuevas armonías de luz y de color.

Caravaggio.

Caravaggio (Milán, 1571 – Porto Ércole, Toscana, 1610) aportó el naturalismo, la visión directa y sin idealizar de la naturaleza. Parecía que su objetivo era escandalizar a un público acostumbrado a ver a los protagonistas de la Historia Sagrada como figuras solemnes y respetuosas; él los veía como gente normal, vulgar, y con una iluminación fuertemente contrastada creaba choques violentos entre la zona de luz y de las sombras. Creaba escenas extrañas con inquebrantable  honradez, no le asustaba ni el enfoque directo ni la fealdad.

Larga es su historia.

Un personaje turbulento, extravagante, amigo de peleas y altercados, el primer bohemio de la Historia de la Pintura, por su anarquismo inconformista, en permanente confrontación con la autoridad. Su vida fue de todo menos tranquila. En 1606 tuvo que huir de Roma acusado de homicidio, y fallece a los 39 años. La nobleza y el alto clero le protegieron como fervientes y entusiastas admiradores de su arte.

La Muerte de la Virgen.

La Muerte de la Virgen, (1603 – 1606), fue un encargo de una figura destacada del mundo jurídico romano, Laerzio Cherubini, gran admirador del pintor. Le encargó el retablo del altar de la iglesia de Santa María de la Scala, en la zona más pobre del Trastevere, una especie de monasterio donde se refugiaban mujeres maltratadas o en peligro de prostitución, aspectos que Caravaggio tuvo presente al elaborar el cuadro. De hecho, la imagen de la Virgen se corresponde con una modelo y prostituta amante del pintor, Fillide Melandroni.

Este asunto, del Tránsito de la Virgen, había sido objeto de discusión en el seno de la Iglesia. El texto de La Leyenda Dorada dice que en el momento de expirar, los Apóstoles se hallaban presentes acompañando a María. Caravaggio les pinta rezando, meditando o llorando, pero reinventa le escena. Excluye toda alusión a la divinidad, e insiste en la terrenalidad exhausta compuesta por una habitación humilde, en la que María yace rígida sobre un catre, con el vientre hinchado y los pies desnudos. Las expresiones y los gestos de los Apóstoles, individualizados, forman una sintonía emocional en la que la luz influye para crear más dramatismo.

Causó un escándalo enorme ante la comunidad eclesiástica, los frailes y Carmelitas Descalzos rechazaron la obra, aplicando el concepto de decoro, por ser lasciva e irrespetuosa con las enseñanzas de la Iglesia, y no dudaron en deshacerse de ella.

Fue puesta a la venta, y despertó un enorme interés entre los entendidos y amantes del arte. Todos los clientes y admiradores del pintor quisieron comprarla, se hizo una exhibición pública, y grandes multitudes se congregaron para verla. El propio Rubens, que por entonces estaba en Roma, animó al Duque de Mantua para que la comprara.

La modelo, Fillide.

Fillide, su amante, es la misma imagen de la Virgen María que la obra que cuelga en el museo Thyssen de Madrid, “Santa Catalina de Alejandría”; o “Judith y Holofernes”, de la Galería Nacional de Roma. Caravaggio pintaba al natural, dominando la técnica veneciana de pintar “Alla prima”. No se advierte la pincelada, es solida y ligera, lo que le da un sentido de proximidad y realismo a su obra. Sus temas, que son escenografías, son enormemente admiradas por todos. Así fue uno de los grandes nombres propios de la Historia del Arte.

Esto es todo por hoy, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

Caravaggio – Muerte de la Virgen (Morte della Vergine), 1603 – 1606). Óleo sobre lienzo. 369 x 245 cm. Museo del Louvre, París.
Caravaggio – Santa Catalina de Alejandria (Santa Caterina d’Alessandria), 1598. Óleo sobre lienzo. 173 x 133 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Caravaggio – Judit y Holofernes (Giuditta e Oloferne), 1599. Óleo sobre lienzo. 144 x 195 cm. Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma.
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