Tras hablar de Brancusi la semana pasada, hoy vamos a desarrollar el devenir de la escultura en el siglo XIX, centrándonos en la figura de Antonio Canova.

La escultura, del Neoclasicismo al Modernismo (con la excepción de Antonio Canova).

La escultura es reconocida como la mas clásica de las artes, y ello impidió que fuera un arte de vanguardia. Hegel la califica de antimoderna, considerándola el arte clásico por excelencia. En 1846, Baudelaire la critica en su artículo “Por qué es aburrida la escultura”, descalificándola e invalidándola a finales a finales del siglo XIX.

Para que la escultura pudiera ser moderna y vanguardista, los escultores tuvieron que renunciar a alguna de las cualidades que la caracterizan, como es el tamaño monumental, la masa compacta, el volumen sólido y opaco, el empleo de materiales nobles, el antropomorfismo o los temas heroicos que trataba, con el fin de parecerse a la pintura y conseguir estar a la altura de los éxitos que ésta obtuvo.

Los grandes revolucionarios de la escultura fueron pintores. Tengamos en cuenta a Degas , Gauguin, Matisse, Picasso, Joan Miró, Joaquín Torres García o Dalí.

Todos ellos fueron artistas que no se habían formado en la disciplina de tallar, modelar, esculpir o vaciar, sino que aplicaban sus experimentos y procedimientos plásticos para realizar obras que se desarrollaban en tres dimensiones.

Paradójico es que una generación anterior se basara en el Neoclasicismo para sus creaciones, que hicieron que muchos escultores pugnaran por recuperar la forma y volver a los orígenes.

La arqueología despierta la pasión por el mundo antiguo como el modelo estético por antonomasia. Johann Joachim Winckelmann y Julius Lessing admiran la nobleza y la sinceridad del arte griego en sus escritos, las teorías de estos dos alemanes llevaron a los escultores a buscar el modelo ideal de imitación de lo antiguo, buscando el modelo clásico de Belleza.

El siglo XIX se cerró con los alardes decorativos del Modernismo, que rechazaron el academicismo, a la búsqueda de la modernidad. Pero no todo fue así, existieron artistas como Antonio Canova, o Bertel Thorvaldsen, que apostaron por el Neoclasicismo; hablemos del primero, de Antonio Canova.

Antonio Canova.

Antonio Canova, veneciano, 1757 – 1822, tuvo una influencia decisiva en la difusión de la escultura neoclásica, influenciando a artistas españoles, como a José Álvarez Cubero.

Canova creó un modelo de representación, resultado de sus propias experiencias, a la hora de buscar inspiración en la antigüedad. Llegó a Roma en 1779. La figura de Bernini marca su evolución, e influye decisivamente en él, conjugando el clasicismo severo con una gracia más cercan al Barroco. Formó parte de un círculo selecto de artistas, que acudían a conocer las colecciones de estatuaria antigua como la del Cardenal Borghese.

Obras destacadas de Antonio Canova.

Una de sus primeras obras más importantes fue “Teseo y el Minotauro”. La obra, actualmente en el Victorian & Albert Museum de Londres, representa iconográficamente un pasaje de la Metamorfosis de Ovidio.

Antonio Canova – Teseo y el Minotauro, 1781- 1783. 145´4cm x 158´7cm x 91´4cm. Mármol blanco. Victoria and Albert Museum, Londres.
Antonio Canova – Teseo y el Minotauro, 1781- 1783. 145´4cm x 158´7cm x 91´4cm. Mármol blanco. Victoria and Albert Museum, Londres.

Canova, como renovador de tipologías, dirigió las obras del mausoleo de Clemente XIV, en la Basílica de los Santos Apóstoles de Roma, retomando los modelos piramidales de Bernini. La textura de sus esculturas tiene mucho de pictórica, ya que pule los mármoles para lograr efectos de color y calidez.

Otro monumento destacado de su producción fue el del cenotafio de María Cristina de Austria, que realizó en 1800 para la Iglesia de los Agustinos de Viena, planteada de forma piramidal.

Destacamos también otra de sus esculturas, “Napoleón como Marte pacificador”, que representa al corso idealizado como un colosal Marte victorioso. Y siguiendo con la familia del emperador francés, el retrato que hizo de su hermana, Paulina Bonaparte (también conocida como Paulina Borghese), representada como una Venus victoriosa (“Venus Victrix”). Recurrentemente el escultor pretendía representar a los Bonaparte como dioses mitológicos, adornados de una belleza intemporal, arquetipos de una serena grandeza. También talla el retrato de Letizia Ramolino Bonaparte, madre de Napoleón.

Por mencionar otros grupos escultóricos, destacamos “Amor y Psique”, en el Museo del Louvre, un alarde de virtuosismo técnico, que se resuelve con un erotismo y una ambigüedad propias del Rococó.

Y años después produjo “Las tres Gracias”, en el que logra transmitir al grupo una fragilidad y una gracia en el modelado junto a cierta complejidad en la composición, que vuelve a recordar al Barroco, a pesar de insistir en un modelo ideal de belleza intemporal.

Y con esto damos por concluido un breve texto sobre quién fue Antonio Canova. Esto es todo por hoy, gracias por haber llegado hasta aquí, nos despedimos hasta la próxima entrada en nuestro blog www.tasararte.com/blog/

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